Aunque aquellos delirantes intercambios no lleguen a tener entidad para atribuirle a Estrada la comisión de un delito, su utilidad es mucho más importante: sirven para dejar en claro lo que al diputado nacional por Salta le importa el valor supremo de la verdad.
«Una vez por mes hay que inventarse que se fue de vacaciones», ordena el diputado a su subordinada que incluya en sus vídeos injuriosos y falaces.
Si no fuera porque es de muy mal gusto y lesiona gravemente el honor y la decencia de la señora Pamela Calletti, también diputada nacional, reproduciríamos aquí la cochina mentira que Estrada pidió que la cerrillana (hoy arrepentida) divulgase sobre su colega en las redes sociales.
El derecho a mentir
¿Tiene Estrada derecho a mentir?Por supuesto que lo tiene, como cualquier otra persona, sea que se dedique a la política o no.
Pero quien miente con semejante desparpajo y además utiliza dinero público para dar a sus mentiras una forma determinada, no solo con el propósito de dañar al contrario, sino también con la intención que las personas menos informadas se traguen el mensaje, debe hacer frente a las consecuencias de sus actos.
Y esto es precisamente lo que no parece hacer el señor Estrada con su famosa «cuestión de privilegio», detrás de la que se ha escondido, pensando que de esa forma no le van a caer encima los cascotes.
Pero aunque Estrada fuese sobreseído o eventualmente absuelto de la acusación penal que pesa en su contra y que hoy tramita la jurisdicción federal, su condena moral es ya inapelable. Su inhabilidad sobreviniente es un asunto del que deberán ocuparse sus colegas diputados.
Después de la difusión de estos diálogos de rancho, cunde la impresión de que la aspiración de Estrada de convertirse en Gobernador de Salta se ha estrellado contra una pared enorme y dura.
Por supuesto, es muy posible que sus contrincantes sean incluso más mentirosos y dañinos que él; pero lamentablemente a él lo han descubierto primero.