Muchos pensarán, quizá, que he elegido este suceso por su carácter aparentemente novedoso o por las repercusiones que ha tenido. Nada de eso.
La campaña mediática que anónimamente desató Estrada, y que contó con la valiosa colaboración de pequeños editores de vídeos en apuros económicos, tenía por objeto arruinar la imagen del gobernador Gustavo Sáenz, atribuyéndole enfermedades incapacitantes y conexiones ocultas con el crimen organizado.
La operación salió tan pero tan mal, que no solo la imagen del Gobernador salió notablemente reforzada (Sáenz ganó las elecciones provinciales de mayo de 2025 y obtuvo un resultado muy decoroso en las nacionales de octubre), sino que Estrada —el padre de la criatura— las perdió de una forma más bien humillante.
Para peor, dos de los «colaboradores» de Estrada en su usina de «cheap fakes» (los que paleaban el carbón para avivar la hoguera mientras Nerón se tinqueaba el pupo creyendo ver a Roma en llamas), fueron rápidamente enjuiciados y condenados en Salta por su participación en tan indigna campaña, no sin antes haber confesado ante el juez sus simpáticas fechorías. Que cantaron como pajaritos, vamos.
He elegido también a las «cheap fakes» porque demuestran que Estrada es un hombre «orientado al futuro». Entre tantas lecturas económicas y negocios off-shore, seguramente debe de haber visto por ahí que, con campañas falaces de este tipo, astutos y mentirosos como él consiguieron influir en los procesos electorales, los sistemas legales y el discurso público en Rumania, Bulgaria, Kenya y las Filipinas. Todos países muy parecidos a nosotros.
¿Por qué no en Salta?, pensó Estrada. «No seré el primero en dejar de lado la ética, pero sí el primero en utilizar en Salta estas maravillosas nuevas tecnologías para generar desinformación, interferencia electoral, manipulación de derechos, explotación cultural e invasión de la privacidad».
Debemos reconocer a Estrada ese carácter pionero, sobre todo cuando otros «modernos» todavía ven la televisión en aparatos con tubos de rayos catódicos y añoran los capítulos de Rosa de lejos.
Por eso, porque quería adelantarse a todos, Estrada no cató a tiempo las mieles de las «deep fakes» y las «synthetic media». Prefirió utilizar herramientas básicas, baratas y fácilmente accesibles para manipular imágenes y clips de audio para engañar a la gente.
A la hora de ahorrar, Estrada no solo recortó en tecnología, sino que le encargó el trabajo sucio a empleados con un sueldo miserable, que, papior, no pagaba él sino el Congreso de la Nación, con recursos formados por los impuestos que satifacen los ciudadanos para que les digan la verdad.
Hoy, desde su desaforado y cada vez más opresivo corralito judicial, Estrada le pregunta todos los días a ChatGPT qué pudo haber salido mal en toda esta ambiciosa operación. Y el famoso bot, invariablemente, le responde esto:
«Manipular la opinión publica requiere de la utilización de sofisticados algoritmos de IA y machine learning (redes neurales) para generar un contenido sintético altamente realista. Vas a encontrar estos recursos en Sillicon Valley, no en Cerrillos».