El discurso de Maximiliano Pullaro -marcadamente político- fue respetuosamente escuchado por el presidente Javier Milei y por todos los miembros de su gobierno y adherentes de La Libertad Avanza que, junto con ciudadanos de diferentes extracciones políticas, se dieron cita ayer en la explanada del Monumento a la Bandera.
La similitud del discurso de Pullaro con el que solo tres días antes pronunció el Gobernador de Salta, Gustavo Sáenz en el Monumento a Güemes, es más que notable.
La diferencia está en la reacción de los libertarios: Mientras en Rosario esta reacción fue mayormente respetuosa, comedida y democrática, en Salta fue grosera, desproporcionada y autoritaria.
Los líderes de este insólito desaire fueron los diputados nacionales por Salta Carlos Zapata, María Emilia Orozco y Julio Moreno Ovalle, que se bajaron del palco oficial haciendo aspavientos ostensibles, con la excusa de que el gobernador Sáenz había «utilizado un acto patriótico para hablar de política».
Tanto el discurso de Pullaro, como el del propio presidente Milei -pronunciados en un acto patriótico de la misma o, aun, mayor trascendencia que el acto de Güemes- fueron claramente políticos. Si Sáenz habló del Pacto de Güemes, el presidente Milei hizo lo propio el Día de la Bandera con el Pacto de Mayo. Nadie se ha escandalizado por ello.
¿Acaso es Rosario más civilizada que Salta? Seguramente no. La explicación debe buscarse por otro lado. Por si todavía había alguna duda, el desarrollo del acto del Día de Bandera en Rosario ha dejado retratados a los diputados libertarios salteños, cuyo desaire manifiesto y grosero hacia el gobernador Sáenz ha trascendido los límites de un malentendendido doméstico y se proyecta como un gesto de intolerencia impropio de cargos electos por el voto popular.
