Nada de esto parece estar sucediendo en Salta, en donde algún sector de la oposición parece que ve en el desbordamiento del Pilcomayo y en los centenares de evacuados una oportunidad inmejorable para erosionar y desgastar al gobierno.
El gobierno que dirige Gustavo Sáenz enfrenta, una vez más, una situación crítica y, con todas las dificultades del caso, se encuentra dando respuestas concretas y exhibiendo una capacidad operativa de la que sus contradictores más enconados son incapaces.
Es verdad que en la crisis del Pilcomayo el primer obligado a actuar es el gobierno, que es el que tiene los medios y la responsabilidad. Pero no es posible que los que no gobiernan (aunque aspiran a hacerlo) se sienten de brazos cruzados a mirar lo que está sucediendo sin siquiera esbozar una mueca de empatía con los afectados o un gesto de apoyo a los esfuerzos que se están haciendo.
Si esta situación de canallesca insolidaridad no se corrige pronto, aspirantes declarados, como los diputados nacionales Emiliano Estrada y María Emilia Orozco, demostrarán al gran público que solo valen para dirigir una usina de fake news, en un caso, y para discursear sin apenas tomar aire y para montarse en un helicóptero a disfrutar de las vistas de la frontera, en el otro.