El mismo periódico daba a entender que el próximo traslado (obtenido por riguroso concurso) de Salinas Odorisio a la Fiscalía ante el Tribunal de Impugnación iba a significar «que las investigaciones sufrirán un claro retroceso hasta que los fiscales reemplazantes puedan adoptar la dinámica y la metodología que la titular de la UDEC desplegó desde el año 2018, cuando fue designada como fiscal penal del distrito centro».
Es muy probable que, a partir del viernes, Salinas Odorisio hubiera dejado de ser -para El Tribuno- la fiscal del «papel clave» y la dueña de una «dinámica» y una «metodología» inigualables para combatir la corrupción.
Tan probable como esto es que la que hasta hoy es Fiscal Penal de la Unidad de Delitos Económicos Complejos siga la estela de su impecable colega y antecesora suya, la fiscal Mónica Poma, y que, a partir del viernes 7 de junio de 2024, Salinas Odorisio pase a engrosar la nutrida lista negra de los gerifaltes de Limache, que un día nos sorprenden impartiendo cátedra vallista sobre los límites del derecho a la tutela judicial efectiva, y al día siguiente no dudan en exaltar el cumplimiento de la ley, siempre y cuando -claro está- su «largo brazo» no alcance a rozar sus intereses, sus personas y sus familias.
