Para solucionar este problema (el de la alineación) Milei parece que ha prescindido de los consejos de su hermana -The Boss- y ha llamado a Lionel Scaloni.

Mientras tanto, el Arzobispo y su abogado suspiran aliviados al comprobar que los ataques provienen de gente que escribe rematadamente mal y que no conoce la diferencia entre estar desalineado y estar desaliñado.
La disputa con las monjas se les pone de cara. Para utilizar un cargnellismo se podría decir que el bando legitimista ya le está viendo el «rostro» a la victoria.
Y se ríe también el presidente Milei, porque, a todas luces, el mandatario prefiere el título de «máximo exponente mundial de la libertad» a que lo tengan por un seductor Mañara o por un Marqués de Bradomín. Quien más quien menos conoce ya la «torpe alineación indumentaria» del Jefe del Estado.
Pero si hacemos terciar en esta disputa a don Antonio Machado y a su célebre Retrato, seguramente tendríamos que aceptar que quien recibió la flecha que le asignó Cupido fue el Arzobispo de Salta, que «amó cuanto ellas [las monjas] puedan tener de hospitalario».
Lamentablemente, la hospitalidad se acabó antes en el Convento que la mala escritura en las computadoras de Limache, que parece que no se acaba nunca.
