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  • Dilema moral
  • La preocupación por el bienestar de los perros ante la ola de frío supera por largas distancias en Salta la que puede generar el desamparo de adultos mayores.
Imagen ilustrativa
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¿Por qué motivo? La respuesta parece estar en un estudio conducido por la Northeastern University y que se publicó en la revista Society & Animals, que sugiere que es más probable que experimentemos empatía por una víctima si la consideramos indefensa e incapaz de cuidar de sí misma, como un bebé o un niño pequeño. Y que tendemos a ver los perros de la misma manera; es decir, como seres indefensos que necesitan ayuda.


La conclusión general a la que llegaron los investigadores fue que «ciertas personas no ven a sus perros como animales, sino como 'bebés peludos' o miembros de la familia, junto a los niños humanos».

El estudio en cuestión, dirigido por el sociólogo y profesor de criminología Jack Lewin, se realizó sobre la base de una muestra de 256 estudiantes universitarios a los que les repartieron y dieron a leer un informe periodístico falso sobre un mismo hecho.

Cada estudiante recibió uno de cuatro informes previamente elaborados que describían un ataque «con un bate de béisbol por parte de un agresor desconocido».

El artículo falso decía que «al llegar al lugar, pocos minutos después del ataque, un oficial de policía encontró a la víctima con una pierna rota, múltiples laceraciones e inconsciente». La única diferencia entre cada uno de estos cuatro artículos fue la descripción de quién era la víctima. En un caso era un bebé de un año, en el otro un humano adulto de 30 años; en otro caso un cachorro y en el último un perro adulto de seis años.

Después de leer el artículo, cada participante respondió una serie de preguntas que medían su empatía hacia la víctima y el grado en que este acto criminal evocaba en ellos una respuesta emocional angustiosa.

Los resultados mostraron que los niveles de emoción perturbadora que se producían cuando la víctima era el bebé, el cachorro o el perro adulto eran aproximadamente equivalentes. La empatía por la víctima humana adulta, sin embargo, era significativamente menor. Es del caso hacer notar que las participantes femeninas fueron significativamente más empáticas con todas las víctimas, independientemente de la especie.


En Salta

Las necesidades humanas en Salta son a veces irresponsablemente exageradas y otras veces -las más- cruelmente minimizadas. Pero la mayoría de las veces son distorsionadas por cierta prensa que se escandaliza de cosas como el aumento desmedido del precio de los huevos de Pascua, cuando el consumo de chocolate nunca ha sido esencial para nosotros.

Ahora la preocupación ha saltado de los huevos de Pascua al abrigo de los perros, que se puede entender muy bien en el caso de las mascotas domésticas, pero que se entiende mucho menos cuando se trata de perros callejeros, de los que abundan en Salta.

Cuando los recursos son escasos, el dilema moral no tiene sino una sola salida: proteger primero a los humanos.

Si hubiera recursos para todos (y este no es el caso de Salta), la solución sería evidentemente distinta. Pero si faltan el abrigo y el confort para hacer frente a las jornadas gélidas, por la crisis o por lo que sea, la conciencia humanitaria llama a atender siempre primero a los seres humanos más expuestos y, solo cuando el último de ellos haya sido abrigado y cobijado como corresponde, a atender a los perros, que por supuesto no tienen ningún derecho a sufrir la indiferencia humana.

En determinadas circunstancias, preocuparse más por las mascotas que por los seres humanos es una forma bastante discutible de demostrar empatía y humanidad. Las sociedades que priorizan el bienestar de los animales y postergan calculadamente el de los humanos no son sociedades decentes.



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