La noticia de que la muerte de un «niño wichi» (el tercero en la primera semana del año) genera preocupación «en el Norte» cumple con los dos requisitos para su autodestrucción: racismo y xenofobia.
Cualquiera que lea fríamente esta noticia de la preocupación «en el Norte» se podrá imaginar que mientras más lejos se encuentren las personas del lugar del deceso menor será su preopupación por las desgracias. Como las ondas de un sismo, mientras más lejos del epicentro, menos se sienten sus efectos.
Y la verdad es que en donde más debería preocupar la muerte de un niño residente en parajes alejados es en los centros de poder, en los lugares en donde se toman las decisiones, cualquiera sea la causa de la muerte, cualquiera sea la raza del infortunado.
Pero ¡qué se puede esperar en una provincia en donde algo tan elemental como el agua que beben los seres humanos es considerada un «asunto indígena»!
Parece que no tendremos que esperar mucho tiempo para que la muerte también lo sea.

