Sucedió en octubre de 1961, cuando la familia Curtis-Leigh en pleno se trasladó a Salta para el rodaje de la película dirigida por J. Lee Thompson. Kelly, la hija mayor del matrimonio, tenía entonces cinco años, y Jamie Lee, la menor, solo dos años y medio.
Janet y sus dos hijas debieron volver solas a los Estados Unidos, pues —según ellas— Tony Curtis las había abandonado, después de caer rendido a los encantos de la jovencísima alemana, que se convertiría en la segunda esposa del actor, de las seis que finalmente tuvo.
Hasta que los confusos aires eróticos de Salta entraron en sus pulmones, el matrimonio entre Tony Curtis y Janet Leigh había durado once años. Algo menos de la mitad duró el de Christine Kaufmann, pues la pareja —unida formalmente en 1963— se separó en 1968.
Si bien es bastante conocida la presencia de las dos pequeñas Curtis en Salta (futuras actrices ambas) no lo es tanto el hecho de que las niñas aparecían frecuentemente en la tournage de San Lorenzo y La Caldera ataviadas con trajes de gauchos salteños, como lo documenta la fotografía adjunta, en la que se puede ver a la —todavía feliz— familia Curtis disfrutando de los escenarios naturales de nuestra Provincia.
En la fotografía, y bajo la atenta mirada de un falso cosaco montado a caballo (seguramente nacido en Coronel Moldes), también aparece vestida de gaucho la elegantísima Janet Leigh.
Lo que no aparece documentado de ningún modo es que Tony Curtis (ya en compañía de Kaufmann) se hubiera marchado de Salta cantando aquello de «¡Cómo olvidarte Cerrillos, si por tu culpa tengo mujer...».
Entre otros motivos, porque no hay evidencia histórica de la presencia del apuesto actor neoyorquino al Sur del río Ancho.
