Me ha emocionado intensamente ver a mi querido amigo Walter Ceballos –hijo de Hermann– junto a sus hermanos y a las nuevas generaciones de ceballitos interpretando en el velatorio de su padre el antiguo pasodoble «El sombrero», compuesto por Ramón Zarzoso con la colaboración de Rafael Gordon Pino.
Hermann no tuvo una familia sino un «familión». Doña Clara Rodríguez, su esposa de muchos años, le dio diecisiete hijos, que se dice pronto.
Muchos de ellos se dedicaron a la música y no como simples aficionados. En su juventud, Walter Ceballos era uno de los mejores versionadores de las canciones de Julio Iglesias que yo había conocido. Su hermano Miguel Ceballos, también cantor, fue hasta finales de 2023 el Jefe de la Policía de Salta.
Norma Ceballos y Silvia Ceballos, dos de las hermanas mayores, fueron muy buenas amigas mías y guardo de ellas el recuerdo más entrañable y cariñoso.
Su padre, Hermann –alto, rubio y de ojos azules– era un cerrillano muy especial. Trabajó durante toda su vida en la oficina de Correos y Telecomunicaciones, y fue junto a otros recordados trabajadores (Núñez, Corregidor, Barrionuevo o Pico) uno de los emblemas del correo cerrillano.
Hermann, que había sido alumno de mi madre en la antigua escuela de Río Ancho en la década de los años 30 del siglo pasado, fue inmortalizado en la conocida zamba «Cerrillos para cantar», cuyos versos escribió el poeta José Gallardo, con música del maestro Lito Nieva.
La tercera estrofa de esta zamba dice así:
Cerrillos bañao de cielo / como la flor en su tallo / te canta desde el recuerdo / el mandolín de Ceballos....
Aunque no tengo mucha experiencia ni con los pasodobles ni con la tauromaquia, me hubiera gustado unirme a los «ceballitos» en esa despedida tan emocionante a su padre, a su abuelo y a su bisabuelo.
Y despedir no solo al músico y al instrumentista, sino también al servidor público, al alumno y, fundamentalmente, al padre que dejó en este mundo una prole tan numerosa que muy pocos van a poder superar.


