El empleo por el Ministro de Economía, Roberto Dib Ashur, de una terminología inadecuada e imprecisa, ha reducido bastante el brillo de un acto que, se supone, sirve para que los ciudadanos conozcan las líneas maestras del principal documento de gobierno, en el que se resumen ordenadamente las metas políticas para el año próximo y el modo en que tales metas van a ser alcanzadas.
Pero al presentar los números ha dicho cosas como estas:
1) Que contamos con «un presupuesto federal»;
2) Que el presupuesto «tiene una mirada estratégica»;
3) Que la búsqueda constante de financiamiento fue «una política de Estado»;
4) Que el presupuesto tiene «una fuerte impronta» en obras para el desarrollo.
La enumeración no agota las imprecisiones, desde luego, pero es útil para poner de relieve que quienes adoptan decisiones al máximo nivel de la política económica provincial, así como no parecen especialmente preparados para utilizar las palabras correctas, tampoco parecen estar muy cerca del pleno acierto técnico.
Federalismo
Para empezar, resulta realmente preocupante que el Ministro de Economía diga que los presupuestos del Estado han sido elaborados «desde las necesidades de los intendentes y legisladores de cada departamento de la provincia».Lo importante, a la hora de elaborar los presupuestos, son las necesidades de los ciudadanos y ciudadanas que residen en los diferentes lugares y no las necesidades de los intendentes y de los legisladores.
En segundo lugar, en nuestro sistema institucional no se puede hablar de un «presupuesto federal», puesto que el Estado provincial salteño es formal y sustantivamente unitario. En la Argentina no hay más instituciones federales que las definidas, con carácter excepcional y restrictivo, por la Constitución nacional.
Como cualquier presupuesto pensado para gobernar un territorio diverso e irregularmente desarrollado, su elaboración debe estar presidida por criterios de equidad interterritorial, con el objetivo de reducir las desigualdades entre las distintas poblaciones y lograr una mayor cohesión del territorio. Llamar a esto «federalismo» es un error conceptual grave, que no consigue mejor cosa que distorsionar la percepción ciudadana del federalismo como una técnica de distribución del poder político y nunca como una herramienta de redistribución de recursos económicos.
Estrategia
Según el señor Dib Ashur, los presupuestos presentados tienen «una mirada estratégica», porque, a su juicio, «contempla obras y acciones que van más allá del 2022».El que los presupuestos de un ejercicio contemplen obras y acciones de futuros ejercicios, más que «una mirada estratégica» refleja la incapacidad de sus autores para planificar obras y diseñar políticas que se puedan ejecutar y desarrollar en el tiempo previsto.
Llamar «estrategia» a un desfase temporal en la previsión del flujo de gastos y recursos es una forma de ocultar la realidad y favorecer la discrecionalidad en la ejecución presupuestaria.
Política de Estado
Afirmar que la «búsqueda de financiamiento permanente» constituye una «política de Estado» es un doble error.Primero porque es obligación del gobierno no interrumpir ni suspender por ninguna razón la búsqueda de los recursos que necesita para poder gobernar. Hacer pasar las obligaciones por aciertos es también una forma de engañar a la ciudadanía.
Por otro lado, las «políticas de Estado» solo existen cuando en su formulación intervienen todas las fuerzas políticas y, especialmente, las que forman parte de la oposición al gobierno.
La existencia de una «política de Estado» en una materia (un área sustantiva de gobierno) en particular supone que esa materia se encuentra automáticamente sustraída del debate político. Es decir, la auténtica política de Estado se caracteriza porque ninguna fuerza política la puede cuestionar durante su vigencia.
El gobierno de Salta -y en especial el señor Dib Ashur- no ha sometido ninguna de sus decisiones técnicas al control de la oposición, ni ha dado a sus representantes ninguna participación en la elaboración de los presupuestos.
Impronta
La «impronta» no es un «impulso», sino la marca o huella que, en el orden moral, deja una cosa en otra.Si lo que el señor Dib Ashur ha querido decir es que sus presupuestos contemplan una importante o destacada previsión de gastos para obras de desarrollo, pudo haber utilizado decenas de expresiones más adecuadas que «una fuerte impronta».
Algunos ejemplos:
1) Estos presupuestos tienen por finalidad esencial la ejecución de obras necesarias para el desarrollo;
2) Estos presupuestos están orientados a la ejecución de obras necesarias para el desarrollo;
3) Estos presupuestos conceden una especial importancia a la ejecución de obras necesarias para el desarrollo.
Para gobernar no solo se requiere una herramienta presupuestaria rigurosa y bien diseñada: Es necesario también comunicar bien y utilizar las palabras correctas.
