Los españoles votaron el pasado 23 de julio (las primeras elecciones democráticas en pleno verano) para elegir a sus representantes, que son los encargados por la Constitución de elegir al nuevo gobierno. Ha pasado ya un poco más de un mes desde la celebración de los comicios y aunque la situación política se encamina hacia un bloqueo y unas probables nuevas elecciones en invierno, los españoles han estado y están más pendientes de las andanzas de don Luis Rubiales (el atrevido presidente de la RFEF) que de la tensión entre Alberto Núñez Feijóo (PP) y Pedro Sánchez (PSOE) y sus coqueteos con los partidos nacionalistas.
Lo que ocurrió en Sydney con el fútbol femenino en pleno invierno austral ha sido muy importante para España en varios sentidos. Primero, porque después de la conquista de 2010 en Sudáfrica (también en invierno), el título obtenido por el seleccionado femenino es el más importante, sino el que más, y coloca a España en un lugar muy destacado. Las jugadoras hispanas no solo han ganado de una forma muy convincente a las mejores del mundo sino que lo han hecho exhibiendo un juego lujoso que entierra definitivamente el mito de la «furia española», que tanto orgullo despertaba en algunos hinchas pero que trajo unos resultados muy pobres.
El otro acontecimiento importante de la final del mundial en Sydney ha sido el destacado papel de la reina doña Letizia y de su hija, la infanta doña Sofía, que, con ocasión del triunfo deportivo, han salido -aunque más no sea por unas horas- de la hermética burbuja en la que parece que viven y se han mostrado eufóricas, abiertas y conectadas con la gente.
A diferencia de otras monarquías del continente, la española se ha venido distinguiendo por las escasas apariciones públicas de las hijas del rey, por la muy pobre información que sobre la vida y la formación de la heredera y su hermana suministra la Casa Real y por un cierto halo de misterio en torno a sus hábitos y preferencias de adolescentes.
Hace solo 48 horas atrás, Rubiales era un cadáver mediático. Su ejecución fue sumaria y certera, pero como en aquellas películas en las que los malos -a pesar de ser cosidos a puñaladas- no mueren, el todavía presidente de la RFEF montó un circo con sus más fieles celebrando una asamblea en la que todo el mundo esperaba que anunciara su dimisión.
Pero eso no ocurrió, puesto que la insólita asamblea federativa sirvió en realidad para que el acusado de besar sin su consentimiento a Jenni Hermoso se defendiera asumiendo el papel de víctima, maldijera al feminismo y anunciara que no dejaría el cargo ni que le echaran agua caliente.
En su arremetida, Rubiales no tuvo empacho en decir que fue la propia Jenni Hermoso la que inició el contacto (levantándolo con los brazos) y que, antes de estamparle el famoso beso, le preguntó a la jugadora si le permitía darle «un pico», a lo que la jugadora -según Rubiales- accedió.
Después de decir tres veces ante la asamblea de la RFEF que no dimitiría, y a pesar de haber pedido disculpas por haber festejado el gol español en la final agarrándose los testículos a pocos centímetros de donde estaba sentada la reina, el muerto Rubiales volvió a ser ajusticiado y sin piedad, puesto que la misma Jenni Hermoso salió a desmentir con contundencia todo lo que dijo y se reafirmó en que el presidente de la Federación la besó sin su permiso. El gesto de Hermoso fue secundado por casi un centenar de mujeres futbolistas, que anunciaron que dejarán de jugar para España si Rubiales sigue presidiendo la Federación.
La solidaridad con Hermoso no se ha hecho esperar. Futbolistas varones como Borja Iglesias, Iker Casillas, capitán del seleccionado campeón del mundo en 2010, e Isco Alarcón se han expresado en las redes sociales con mucha claridad. Iglesias, futbolista gallego del Betis, ha dicho que renuncia a la selección española. Clubes como el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona han condenado los hechos y han pedido medidas. Iberia, uno de los patrocinadores de la Federación también ha reaccionado en el mismo sentido. Hermoso no solo ha sido arropada por sus compañeras españolas sino por estrellas internacionales como las norteamericanas Megan Rapinoe y Alex Morgan.

La reacción del gobierno
Mientras tanto, cuando se sabe que la FIFA ha abierto un expediente para investigar la conducta de Rubiales y que puede conducir a su inhabilitación, el Consejo Superior de Deportes formuló ayer, día viernes, una «petición razonada» al Tribunal Administrativo del Deporte (TAD) por una posible vulneración de los artículos 76.1.a de la Ley del Deporte y 14.h del Real Decreto 1591/1992 por parte de Luis Rubiales.Ambas infracciones son consideradas “muy graves”, lo que posibilita la adopción de una medida de suspensión cautelar y provisional de Rubiales como presidente de la RFEF. En concreto, el artículo 76.1.a de la Ley del Deporte hace referencia a los abusos de autoridad y el artículo 14.h del Real Decreto 1591/1992 a los actos notorios y públicos que atenten a la dignidad o decoro deportivos. La petición del CSD -que es un órgano del gobierno- será tratada y probablemente también resuelta pasado mañana lunes.
El ministro de Cultura y Deporte, Miquel Iceta, que estuvo en Sydney durante la conquista y que se encuentra ahora en la India, se muestra preocupado por la imagen internacional de España. El ministro ha dicho por su parte que el Gobierno “hará todo lo que está en su mano para recuperar el país que el mundo admira”, en referencia a la salida de Luis Rubiales.
Es mediodía del sábado en España y el calor parece haber dado un respiro, al menos en el tercio norte del país. Se espera para mañana un descenso de la temperatura en más de diez grados. La ola de calor se va pero Rubiales insiste en quedarse, y mientras se multiplican las peticiones de dimisión y se acumulan los procedimientos sancionadores en su contra, el todavía presidente de la RFEF se muestra desafiante y anuncia batalla en los tribunales.

