Casi todos los medios hablan hoy del gol que Lionel Messi marcó en el partido que enfrentó al Inter Miami y al Sporting Kansas City en la vuelta de la primera ronda de la Concacaf Champions Cup y que finalizó con el triunfo de las garzas por 3 a 1. En realidad, un gol de zurda con un disparo seco, desde el borde del área, a la derecha de la defensa rival no debería llamar la atención; en Messi por lo menos.
Lo asombroso de este gol es que Messi casi no tenía espacio físico para impactar la pelota con tanta violencia y precisión. ¡Y tampoco tenía tiempo!.
Después de pararla con el pecho y dejarla botar, la pelota le quedó a una distancia notoriamente inferior a la que se necesita para sacar un disparo.
Esta circunstancia obligó a Messi a girar su cuerpo hacia la izquierda y a armar la zurda de una forma tan veloz y tan poco natural que cualquiera en su lugar hubiera mandado la pelota al quinto anfiteatro.
Sin embargo, el capitán argentino -que parece capaz de estirar y contraer sus extremidades inferiores a voluntad- hizo como que su pierna medía treinta centímetros menos de lo que en realidad mide y en milésimas de segundos sacó un disparo potente y quirúrgico que se coló junto al palo izquierdo del sorprendido arquero Pulskamp. ¿Cómo lo hizo? Solo él lo sabe.
Messi conectó así un certero pase de Luis Suárez que se había volcado a la izquierda. Pero la maravilla de la definición hizo olvidar que quien inició la jugada fue el propio Messi, que habilitó a Suárez con un preciso pase de cuarenta metros.
El tiempo no cuenta para Messi. Ni el tiempo que lleva en las canchas, ni el tiempo que tarda la pelota en bajar al suelo.
Lo más interesante de todo es ver la expresión de la cara de los rivales cuando Messi convierte un gol. Si marca cualquier otro, protestan, se sienten frustrados, dan puñetazos al césped, se miran los unos a los otros buscando culpables. Pero cuando marca Messi parecen resignados ante lo inevitable, cuando no conformes. Si el gol te lo hace el GOAT, nadie tiene la culpa. A nadie se puede culpar del acierto de los genios.