Deriva del latín cynismus, que denotaba desvergüenza, insolencia e hipocresía descarada. En la actualidad, estas definiciones se asocian con la "actitud cínica", vinculada a la desfachatez, la impudicia y la burla agresiva. Dícese de quien ironiza o se mofa con mordacidad.
Diógenes se hizo célebre por sus frases, famosas no tanto por su sabiduría como por el contexto en que las pronunció:
* Al llegar a Atenas, quiso ser discípulo de Antístenes, quien lo rechazó. Ante la insistencia, Antístenes lo amenazó con su cayado, pero Diógenes replicó: “No hay bastón lo bastante duro para apartarme de ti mientras crea que tienes algo que decir”.
* Puesto a la venta como esclavo, le preguntaron qué sabía hacer. Respondió: “Mandar; comprueba si alguien quiere comprar un amo”.
* Mientras comía lentejas, un funcionario del rey le dijo: “Si trabajaras para el rey, no necesitarías comer lentejas”. Diógenes contestó: “Si comieras lentejas, no necesitarías trabajar para el rey”.
* Invitado a una lujosa mansión, le advirtieron que no escupiera al suelo. Acto seguido, escupió al dueño, diciendo que no había encontrado un lugar más sucio.
* En un banquete, algunos le arrojaron huesos, como a un perro, para burlarse. Él, sin inmutarse, les orinó encima, como perro.
* Un joven le advirtió: “Se ríen de ti”. Diógenes respondió: “De ti se ríen los asnos y no te importa; ¿por qué habrían de importarme a mí esos burros?”.
Debemos comprender que estos filósofos usaban el cinismo como herramienta. Eran críticos de su tiempo y, de alguna manera, buscaban mejorar la sociedad.
Oscar Wilde definió al cínico como “un hombre que sabe el precio de todo y el valor de nada”. Yo pienso, más bien, que es alguien que, al oler flores, busca dónde está el velorio. Un ejemplo claro es el político que promete erradicar la pobreza mientras se enriquece con los fondos públicos.
No hay mayor cinismo que el de quienes reclaman lo que nunca han dado.
Hoy, nada define mejor nuestra sociedad que el cinismo social: un individualismo indiferente al sufrimiento de los más vulnerables. Rafael Chirbes lo expresó con crudeza: “A la gente le da igual; mientras no le tiren la basura del otro lado de la tapia ni le llegue el olor a podredumbre a la terraza, se puede hundir el mundo en mierda”.
La indiferencia crea autómatas; la insensibilidad, monstruos.
Del cinismo nada crece, solo desprecio.