Lo cierto, y como diría el Martín Fierro, "no hay cosa más dañina que la ignorancia" y pa'colmo de males existen varias y de diversas calañas.
2) saber mal lo que se sabe,
3) presumir de saber,
4) ignorar su propia ignorancia,
5) prejuzgar y enjuiciar sin saber.
De seguro existen a estas cinco, miles, de combinaciones y todas tan nefastas como la guerra.
La ignorancia está relacionada íntimamente con el concepto de educación y no precisamente con el de alfabetización. Pero con esa “educación” que induce a dudar, a investigar, emancipar y principalmente a pensar críticamente.
En ninguna época se ha sabido tantas y tan diversas cosas del hombre y del mundo como la nuestra. Estamos repletos de información, hiperinformados, pero en contrapartida nunca se ha sabido menos como ahora porque se ha salteado el proceso deductivo, el necesario e importante razonamiento que nos lleva a las conclusiones, a los conceptos… y a las interpretaciones. Pero si hay algo que nos ocultaron siempre intencionalmente es nuestra verdadera historia argentina.
Hoy 24 de marzo, muchos pretenden comprender los tiempos feroces de antes y durante la dictadura militar del '70; qué loco, ni siquiera sabemos que pasó mucho antes… la historia es un misterio para la mayoría de los argentinos, porque sólo le contaron fábulas y leyendas.
Napoleón Bonaparte decía que “la historia es un compendio de mentiras acordadas”; yo más bien diría que es “una crónica de verdades y mentiras parciales y subjetivas” porque en definitiva como rematara Friedrich Nietzsche, “no existen los hechos, existen las interpretaciones”.
Lo que sí podemos estar seguros es que la “verdad” para los medios de comunicación, verdaderos sofistas de la modernidad, tiene un valor, no precisamente ético, sino monetario.
Y esa misma verdad está sujeta a la oferta y la demanda, se vende al mejor postor, se maneja y manipula según los intereses que sean necesarios mover, ni siquiera depende de los hechos.
En los Estados Unidos en reiteradas oportunidades se inventaron “hechos” para tapar un escándalo o un problema político real, o se manipuló un acontecimiento dándole carácter catastrófico para desviar la “atención pública”.
Pero para entender la historia es conveniente separar la "paja del trigo" entre falsificaciones, mentiras convenientes y fundamentalmente del doble discurso moral de cada tiempo.
Un principio de comprensión sería empezar diciendo que una de las grandes estrategias que usa el “poder” es dividir. La cosa es que siempre se polariza para reinar. Los americanos en especial no pueden escaparse de este flagelo de las empatías y las antipatías.
En el terrible parto doloroso de esta tierra, muchos buscaron ser parte de algo mejor en desmedro de los que son, supuestamente, inferiores. Y esta cuestión de separarse de… también está el de aborrecer, poyorizar, discriminar y hasta repudiar todo aquello que les da miedo por ser diferente.
El sólo hecho de creerse portadores de la verdad, más grandes, más inteligentes es un síntoma de individualizarse antipáticamente de otros.
Toda nuestra historia se nutre de esta condena, que ha producido hasta guerras atroces y sangrientas. Todas nuestros males cabalgan victoriosos entre el fango de la inquina y los variados intereses tanto económicos como de poder.
Como es menester a las leyes del mundo, para toda acción existe una reacción de iguales proporciones. Si un líder es amado, inmediatamente genera en su contra aborrecimientos irrefrenables; se puede decir que en lo político no existen términos medios ni tibios.
Nuestra Argentina es parte sustancial de esta locura lapidaria, antes de morenistas y saavedristas ya se enfrentaban criollos contra peninsulares, liberales contra conservadores por la expulsión de los jesuitas y mucho antes los que estaban a favor del libre comercio contra los obsecuentes de la corona.
Así nacieron los unitarios y se enfrentaron con los federales, y estos se dividieron en autonomistas bonaerenses y autónomos provinciales y los unitarios también... luchas de sangrienta laya que salpicó de negro nuestro devenir de muerte y espanto.
Cada personaje tendrá la mítica de blanco y negro, Sarmiento, Mitre y Roca construirán un país sobre los escombros del Paraguay, la centralidad de Buenos Aires y el desprecio al mestizo. Siempre mirando a Europa y construyendo una París rioplatense, ciudad bella y altiva. Sol de América Latina sobre el Río de la Plata. Única y exquisita en su centro, pobre de arrabales y conventillos en sus bordes.
Más cuando el país estaba unificado, avanzando en el nuevo siglo del progreso y la prosperidad colonial, después de haberse exterminado a gauchos e indios… aparecerían como una nueva peste para los conservaduros: los socialistas, sindicalistas, comunistas, anarquistas y radicales. Así entrarán al escenario Alem, Aristóbulo del Valle e Hipólito Yrigoyen logrando los derechos ciudadanos y la libertad de votar, pero mucho antes tuvo que ocurrir la “revolución del parque” que se llevó muchos más muertos de los que figuran en las amarillas hojas de la historia oficial.
Y se llegará al poder gracias al voto honesto… pero entre las buenas y malas la Patagonia se oscurecerá de sangre, nuevamente derramada por los mártires de una revuelta campesina.
Más luego nacerá el “golpe militar” como nuevo trampolín de la oligarquía para llegar al poder y de esa misma fuente el pueblo parirá una fuerza política imparable e inimaginable que será el odio sublime: el "Peronismo", el Movimiento más contradictorio y popular de América sudamericana. Una gran fuerza revolucionaria que no mitigará su luz hasta nuestros días, tampoco sus males internos y sus permanentes discordias.
Juan Domingo Perón rescatará al pueblo de su marginalidad histórica y abrirá el camino a un símbolo mítico argentino. La "madrecita del pueblo", la "abanderada de los humildes", Evita - la mujer que se enfrentó a todas las parcas contrarevolucionarias y reaccionarias de hoy y de siempre. La más odiada de todas, a la que se le escribirá: "Viva el cáncer" festejando a la única fuerza que la pudo destruir.
Y el odio siguió y siguió hasta la perpetración de un genocidio macabro en los años setenta donde todos se mataban sin saber por qué ni para qué, aunque los Estados Juntos de Arriba la tenían clarita. El infierno en las tierras del Plata. La cúspide de la crueldad inimaginable.
Y la ignorancia hiperbólica que nos llevó luego a una guerra en las Islas del Sur… derrota de un ejército envanecido por la lujuria del poder y en contraposición la gloria eterna de niños de 18 años que hoy son nuestro orgullo.
Y serán los pañuelos blancos que se elevarán desde siempre clamando justicia… Muchos pensaron y gritaron "Nunca más"... pero no aprendimos demasiado.
Hoy después de la pandemia los negacionistas esparcen la desidia que fluye desde las cloacas de Buenos Aires y resuena en los oídos con la música pobre y vulgar de la cumbia villera.
Los televisores vociferan de un lado y del otro, los unos contra los otros de siempre, los profetas del odio y las bajezas. Y quienes se prenden, como creyéndose inmortales, castañetean los tarros de la inmoralidad.
Hoy 24 de marzo, muchos pretenden comprender la frase aquella… "los hermanos sean unidos… esa es la ley primera".
