Lo hace al amparo de lo que dispone el artículo 7.7 de la ley 8274, que en noviembre pasado modificó el texto de la ley provincial 8171, conocida también como la ley del Gobernador, Vicegobernador, Ministros y Secretario General de la Gobernación, Secretarios de Estado y Subsecretarios de Estado.
Pero, en su primer 8 de Marzo como ministro, el señor Abel Cornejo ha elegido, para coordinar las acciones tendentes a la prevención, no a los fiscales, no a la Gendarmería, no a expertos en seguridad, no a estudiosos de la violencia de género, no a los asistentes sociales, sino a las bandas de música de la Policía de Salta y del Servicio Penitenciario.
Esta curiosa elección ha puesto furiosas a algunas mujeres, que sostienen que el estreno del señor Cornejo en su primer Día Internacional de la Mujer no ha podido ser más triste y denigrante, no para él sino para quienes él tiene el deber de cuidar.
Según palabras textuales del sitio web oficial del gobierno provincial, el ministro señor Abel Cornejo presidió en Villa Lavalle una «jornada comunitaria», que es como -eufemísticamente- la Policía de Salta denomina a sus actividades que apuntan a la prevención del delito.
En palabras del propio ministro, su decisión de llevar las bandas de música obedece a su intención de que los vecinos «se distraigan un poco» y, al mismo tiempo, «se familiaricen con las bandas de música», elevadas a la categoría de servicio público esencial.
La misma información oficial dice también que, durante esta «jornada comunitaria», las bandas de música de la Policía de Salta y el Servicio Penitenciario «presentaron un amplio repertorio para agasajar a las mujeres y a la comunidad en general».
Sin embargo, el señor Cornejo, consciente de que las mujeres son bastante más exigentes, ha pensado en algo más que en la música popular para endulzar sus agraciados oídos, puesto que su peculiar «agasajo» incluyó también el despliegue de «stands preventivos y de concientización ciudadana» (un atractivo de feria cuya configuración y utilidad el gobierno no ha definido en absoluto) y hasta un puesto de vacunación, tan necesario estos días. El homenaje a las mujeres en su día pudo haber sido más completo, si a Cornejo se le ocurría colocar en el «predio» unas alcancías para que las agasajadas pudieran depositar su aportación a la resistencia ucraniana.
Pero este rédito «comunitario» no es nada si lo comparamos con la cantidad de votos que ha cosechado el señor Cornejo en su ya desembozada campaña para someterse al escrutinio popular en las próximas elecciones. Su imagen personal y su proyección política lo tienen algo inquieto, hasta el punto de que se comenta, en ciertos círculos más bien redondos, que la famosa foto en la que se lo ve compartiendo mesa y mantel con algunos gurúes de la comunicación política de andar por casa representa la confirmación de su viva inquietud por la cuantificación anticipada de los votos.
Quizá lo más triste del asunto es que todo este saludable espectáculo se ofrece a la vista de los ciudadanos y ciudadanas, justo en el momento en que -las mujeres sobre todo- están sufriendo una de las peores olas de asesinatos y de hechos de violencia de que se tenga memoria, sin que los poderes públicos -con el señor Cornejo a la cabeza- acierten a responder de una forma eficaz y contudente.
Al parecer, en el alambicado diseño estratégico del ministro (partidario de la «articulación de acciones de eficientización» y de los «ejes de trazabilidad»), la música amansa a las fieras. De tal suerte que solo cabe esperar que el circo montado en Villa Lavalle con policías vestidos de gaucho pero soplando instrumentos de viento inventados en Europa, obre el prodigio de aplacar los ánimos asesinos de algunos, mientras las «agasajadas» (que en casi todo el mundo rechazan las lisonjas y los obsequios los 8 de Marzo) celebran (con pintadas en la Catedral o sin ellas) que la música de las bandas gauchas haya triunfado sobre el machismo criminal, sin derramamiento de sangre.