El nuevo talante presidencial, que se manifiesta muy claramente en la intensa actividad del Ministro del Interior, Diego Santilli, no solo proyecta consecuencias políticas en el corto plazo.
A los libertarios salteños, con Alfredo Olmedo moviendo los hilos entre cajas, y María Emilia Orozco y Carlos Zapata como arietes dispuestos a batir la fortaleza saencista, les conviene largamente que el presidente Milei deje a Salta librada a su suerte y recorte todo lo que pueda, para asfixiar al gobierno provincial y allanar así el camino hacia el triunfo electoral en 2027.
Es decir que lo que le conviene a los libertarios salteños no conviene a Salta, y viceversa.
Las elecciones de octubre de 2025 han dado a Gustavo Sáenz las llaves de la gobernabilidad, y los libertarios salteños lo saben. ¿Cómo hacer entonces para erosionar a quien se ha convertido en un aliado estratégico del Presidente de la Nación?
Si Olmedo, Orozco y Zapata eligen profundizar la confrontación con Sáenz, solo les queda el camino del sabotaje desembozado, lo que supone contrariar al Presidente de la Nación y perjudicar deliberadamente el progreso de Salta.
Si, por el contrario, eligen seguir la estrategia presidencial, la única salida posible es una convergencia estratégica y programática, que podría comenzar con la incorporación de algunos libertarios moderados al gobierno provincial y debería terminar con la nominación de un candidato a Gobernador salido de las filas del sector que mejor represente (y haya representado hasta ese momento) el arriesgado ideario mileísta.
El problema que enfrentan los libertarios salteños no es tanto la cercanía de Milei con Sáenz, sino el hecho de que Sáenz, después de seis años de gobierno en los que ha enfrentado las más graves dificultades que haya tenido que hacer frente un Gobernador de Salta, mantiene casi intacto su atractivo electoral. Los buenos resultados libertarios en el Departamento de la Capital no parecen ser suficientes para desalentar las expectativas del saencismo para 2027.
En este contexto se plantea una batalla entre el pragmatismo de Sáenz y el fundamentalismo orozco-olmedista, que puede desembocar en un cisma libertario que, de ocurrir, solo mermaría sus posibilidades de imponerse en unas elecciones a Gobernador.
Mientras, Gustavo Sáenz, consciente de su papel de garante de la gobernabilidad y apoyo parlamentario puntual de las iniciativas del gobierno federal, poco tiene que perder. En 2027 enfrentará a quienes ya ha derrotado en 2023, seguro de que la «ola libertaria» puede beneficiarlo a él, mucho más que a sus antagonistas.