Las mujeres denunciantes sostienen que los varones por ellas rechazados, antes de admitir caballerosamente su derrota en el plano sentimental, intentan cobrarse venganza en la arena política. Es decir, obran por despecho y no por convicción.
La otra dice sentirse excluida de un determinado partido político, no por otra razón de tal partido es liderado por quien en algún momento le hizo una proposición erótica que no prosperó.
Sea verdad o mentira lo de las insinuaciones amorosas, atacar a una mujer (o discriminarla) utilizando para ello detalles de su vida privada (por ejemplo, sus operaciones estéticas) no solo es machismo, sino que es machismo de pésimo gusto.
Por desgracia, el argumento machista no solo es utilizado por hombres sino también por mujeres, en la equivocada creencia de que, por ser mujer quien lo sostiene, es más tolerable, menos desagradable o menos «machista».
La vida privada de las personas debe permanecer en todo momento fuera del alcance del debate político.
Si lo del rechazo amoroso fuese cierto, lo que estaría quedando en evidencia es que en ciertos niveles de la política de Salta abundan los faunos y escasean los caballeros. O bien, que algunas señoras han olvidado la antigua y bienhechora regla de la discreción.
