Algunos medios de comunicación han exaltado la visita «de los más pequeños» al templo, mientras que otros, algo más audaces, han preferido utilizar el más tradicional pero denostado sustantivo «niños».
La exaltación de la diversidad que nos empuja a pluralizar prácticamente todos los sustantivos colectivos, («para no dejar a nadie afuera», para «incluir»), ha llegado estos días hasta los sagrados umbrales de nuestra bella e italianizante Catedral.
Porque las infancias ya no acuden en masa a venerar a la divinidad sino a las divinidades, en plural.
Para esta avanzadilla del lenguaje inclusivo, aquello de trinus et unus es una mentira inverificable, inventada por los glosadores medievales.
A las progres de Salta no le salen las cuentas y se preguntan: ¿Se puede hablar de divinidad en singular?
Y comienzan a enumerar: por un lado está el Señor; al otro su Santa Madre la Virgen. Luego tenemos al Espíritu Santo (que es paloma, muy parecida a las que revolotean alrededor del General Arenales a pocos metros del santuario) y, por si faltaba alguien, también está Dios Padre, aunque nadie sabe muy bien dónde.
Llegamos a la conclusión, pues, de que nuestra teología es bastante conservadora y no acompaña los grandes cambios operado en la mentalidad de las sociedades. La sociedad celestial no es (no debiera, dicen) ser la excepción.
Pero aun cuando se llegara a la conclusión científica de la existencia de un solo Dios verdadero, desde hace algún tiempo se viene practicando el Salta el politeísmo de una forma más bien descarada. No es para nadie un secreto que a las mismas infancias a las que se enseña con mimo a venerar a nuestros Patronos Tutelares se las somete previamente a un paciente adoctrinamiento en la adoración de la Pachamama, y ello a muy pocas cuadras de la Plaza 9 de Julio.
Esta deriva politeísta tiene una explicación muy clara: El Ministro de Gobierno, ingeniero Ricardo Villada piensa que en Salta debe existir una igualdad religiosa entre todos los cultos. Para él -que fue convencional constituyente- el párrafo final del artículo 11 de la Constitución de Salta debe tenerse por no escrito. Es una exageración demo-liberal.
Por eso es que las infancias -igual que lo que hacía un exministro que era trifásico- celebran también el Vesak, para recordar el día en el que Buda alcanzó la iluminación. ¡Qué más da! Total, si el gobierno dice que todos los cultos son iguales, pues demos rienda suelta a nuestro innato politeísmo.
No sabemos qué opinará al respecto el señor Arzobispo, si es que opina algo, ya que, notablemente, sus preocupaciones van más allá de las infancias y las divinidades. A nuestro pastor -como es sabido- lo desvelan las alcoholemias, máxime cuando son presuntas.
Si bienaventurados son los que creen sin haber visto, felices y sumisos deben ser también los multados sin haber soplado.




