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  • Injurias al Presidente de la Nación
  • He tenido ocasión de leer ayer, superficialmente, la discusión entablada entre el expresidente Alberto Fernández y la Ministra de Seguridad del actual gobierno argentino, Patricia Bullrich.
Alberto Fernández - Patricia Bullrich
Alberto Fernández - Patricia Bullrich

Poco tengo que decir sobre el tono de la disputa, excepto que me parece que sus rotundos términos son bastante parecidos a los del absurdo enfrentamiento dialéctico entre el jefe de la oposición en España, Alberto Núñez Feijóo y la vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz.



En lo que sí me gustaría detenerme es en la afirmación de Alberto Fernández de que la descripción de una persona no es equivalente a un insulto.

Creo que Fernández, por su formación, debería saber la diferencia fundamental entre la calumnia y la injuria. Pienso que el expresidente argentino, profesor de Derecho Penal, ignora que se puede injuriar a una persona incluso diciendo la verdad; es decir, limitándose a describirla, cuando del contexto de la «descripción» se desprende claramente que quien «describió» lo hizo con ánimo de desacreditar o menoscabar la honra o la fama de la persona «descrita».

Evidentemente, el señor Óscar Puente -calificado ayer de «matón» por la ministra Bullrich- no dijo lo que dijo del presidente Milei para elogiarle precisamente. Al contrario, lo hizo en un contexto en el que claramente -y según sus propias palabras- se hablaba del ascenso a lo más alto de «malas personas». No creo que haya habido aquí «descripción» ninguna, pero si la ha habido, esta es claramente injuriosa.

Injuriar al Presidente argentino no es exactamente igual de grave que insultar al Presidente español. Puede parecer algo traído de los pelos, pero no lo es, porque el Presidente del Gobierno español no es el Jefe del Estado (es, a lo más, el Primer Ministro), mientras que el Presidente argentino reúne en su persona las dos dignidades: jefe del gobierno y Jefe del Estado. Representa, por tanto, a todo el pueblo argentino, algo de lo que el Presidente del Gobierno español no puede presumir.

Por tanto, el insulto al Presidente español (que vaya por delante que es igual de inadmisible) no es tan grave como el insulto al Presidente argentino, pues una conducta como esta no solo comporta una descalificación política o ideológica sino que se interna claramente en la falta de respeto institucional y a la soberanía del pueblo argentino, que ha votado mayoritariamente al injuriado, como no lo ha hecho el pueblo español con su Presidente del Gobierno.

Volviendo al enfrentamiento entre Fernández y Bullrich, no creo que apoyar los insultos al Presidente argentino convierta al primero en un traidor, como ha dicho la ministra. No veo ninguna razón por la que Fernández debiera salir a defender la honra de un Presidente con el que no concuerda ni se lleva bien. Tampoco veo a Fernández, por cierto, defendiendo con valentía la soberanía del pueblo argentino. Un Presidente que hizo daño al país mal puede defenderlo cuando ha dejado el cargo.

Pero el asunto no deja de ser grave porque Fernández fue Presidente de la Nación y estoy más que seguro que si las injurias se hubieran dirigido a su investidura cuando él ejercía el cargo, habría reaccionado con decisión y firmeza para defender a la institución más que a su persona, porque él también fue elegido en su día por mayoría de votos, aunque después, como todo el mundo sabe, haya perdido humillantemente su legitimidad.

Pero, por lo que he podido comprobar -que, insisto, no es mucho- Fernández sabe de Derecho Constitucional incluso menos de lo que sabe de Derecho Penal, una materia de la que es profesor, de cuyo conocimiento ha presumido varias veces, y que se supone debe enseñar a los estudiantes españoles en su prolongado stage madrileño.

Mucho me temo que las únicas lecciones que puede dar Fernández en España son de peronismo y me temo todavía más que los españoles de este tiempo tienen bastante calado al peronismo y a sus mañas, que han sido bien «descritas» por la polémica y contradictoria Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.



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