La presencia de Milei en el WEF había levantado una enorme expectativa; mucho mayor que la de cualquier otro presidente argentino en ediciones anteriores, e incluso más intensa que otros líderes mundiales en su estreno.
Luego de haber cargado duramente contra el Estado, contra los obstáculos a la libertad de mercado, contra el feminismo radical, contra la justicia social, contra la casta política y contra los defensores de la naturaleza, Milei terminó su discurso calificando a los empresarios de «héroes» y pidiéndoles que no se dejen amedrentar ni por la casta política «ni por los parásitos que viven del Estado».
Fue el de Milei un discurso provocador, sin dudas.
Pero el Presidente argentino olvidó quizá -o no tuvo en cuenta- que estaba hablando en Europa, la cuna de la misma civilización occidental que él dijo que se encontraba en peligro y que desde la Argentina (no considerada Occidente en Europa) él pretende defender.
Pero también hablaba en el continente en el que nació el Estado moderno cuyo intervencionismo condena; en el continente en donde se inventó la idea de la justicia social y en que vio la luz antes que en cualquier otro lugar del mundo ese aparato diabólico llamado el Estado del Bienestar.
Milei habló de una forma brutal en el mismo continente en el que vivió y gobernó su admirada Margaret Thatcher, que ni en la cúspide de su poder se propuso seriamente liquidar las bases igualitarias que sostenían entonces -y aún sostienen- a la sociedad británica.
Tal vez por un exceso de confianza, por un error de cálculo o por un muy discutible afán de protagonismo, el Presidente argentino defendió una idea radical de la libertad en un continente en donde la idea de libertad quizá nunca coincidió con la suya.
Probablemente, Milei no quiso moderar su discurso y esta falta de moderación no tardará en pasarle factura en Europa, en donde hasta la ultraderecha xenófoba y nacionalista que gobierna Italia parece poco dispuesta a desmontar el Estado del Bienestar, considerado como una de las señas de identidad de un continente que muchos en la Argentina piensan que todavía tiene mucho para imitar.