Mucho antes que un problema «indígena», el acceso a las redes de agua potable es un problema «humano».
Solucionar los problemas de agua con criterios raciales y hacer bandera de esto es inmoral, para cualquier gobierno. Los salteños tienen derecho a acceder al agua (así como a la salud o a la educación) no por ser de tal cual raza sino por el hecho de ser seres humanos.
Con sus deciones racistas y su forma de comunicar, el gobierno solo profundiza el aislamiento y favorece la discriminación de personas que necesitan que se las ayude, porque son seres humanos en estado de necesidad y porque son salteños.