El gobierno de Sáenz, como viene ocurriendo con los gobiernos peronistas desde 1983 en adelante, no acuerda sus políticas con nadie. Este es un rasgo identitario del peronismo, amante como ninguno de las mayorías aplastantes y los gestos mayestáticos.
En Salta, por tanto, no existen «políticas de Estado», al menos con el significado que esta expresión tiene acreditado desde hace mucho tiempo en la ciencia política.
Pero si nos atenemos a la rapidez con la que Sáenz califica de «política de Estado» a casi todo lo que se mueve, llegamos a la conclusión de que ninguna actividad es más importante que otra, que todas lo son. Muchas «políticas de Estado» es igual a ninguna «política de Estado».
Y la verdad es que el deporte, así como el turismo, la minería, la educación, la seguridad, la justicia, el desarrollo social o la obra pública (por solo poner algunos ejemplos), son actividades de las que el Estado se debe ocupar, sin escapatoria posible. Es decir, que estaría bueno que el Gobernador no las considerara «importantes». Todas lo son.
Un Gobernador no puede concederles una «especial importancia» (ni calificarlas como «políticas de Estado») porque son las leyes -y no su voluntad- las que establecen cuándo una actividad determinada ha de ser materia de intervención estatal. Sáenz está obligado a gobernar, y por ello debe promover y ordenar el turismo, el deporte, la educación, etc. No hay otra forma de entender sus «duties», por más que el peronismo le haya colgado la etiqueta de «conductor».
Mucho me temo que el Gobernador es amigo de las frases bonitas y sonoras, pero carentes de rigor político y de utilidad para los ciudadanos. Sáenz pronuncia las mismas frases de las que su predecesor Urtubey decía que «los boludos aplauden».
No se puede aplaudir el cumplimiento del deber. Si Sáenz lleva un ecógrafo al hospital o un patrullero a una comisaría no es porque considere que la salud y la seguridad son «políticas de Estado» sino porque los salteños lo votaron para que haga eso precisamente, y no para que se eche flores a sí mismo por haberlo hecho.