current
humidity
  • El lenguaje de la demagogia
  • Poco después de quedar en tercer lugar en las elecciones primarias celebradas el pasado 13 de agosto, el candidato a Presidente de la Nación por Unión por la Patria y todavía Ministro de Economía del país, Sergio Massa, se aseguró de que su cartera recibiera una importante inyección de dinero por parte del Fondo Monetario Internacional. Con estos recursos ha resuelto volver a lanzar su campaña.
Sergio Massa, Ministro de Economía y candidato a Presidente
Sergio Massa, Ministro de Economía y candidato a Presidente

Prácticamente todos los medios de prensa importantes del país publicaron ayer que el ministro/candidato (o el candidato/ministro) ha anunciado una serie de medidas para «beneficiar» a determinados colectivos (como los jubilados, minitributistas, trabajadores asalariados, etcétera) o para concederles «beneficios», como dicen otros.


El señor Massa, desde un lugar informal y vestido como si no tuviera ninguna responsabilidad pública, ha aprovechado la relativa tranquilidad del día domingo para sorprender con unos anuncios de supuestos «beneficios» que debió haber hecho durante una jornada laborable, en un contexto de formalidad y desde una instalación gubernamental, para que su gesto no sea confundido por los ciudadanos con un acto más de su campaña electoral.

Pero nadie «beneficia» a quienes ha perjudicado antes. En el mejor de los casos, las medidas de Massa, anunciadas pero todavía no concretadas, apuntan a reparar los daños provocados por sus políticas, o a «compensar» las pérdidas y detrimentos experimentados por integrantes de los colectivos supuestamente «beneficiados», a causa de sus decisiones.

El empleo de la palabra «beneficios» es claramente electoralista.

Intenta dar a entender que el ministro/candidato atraviesa por un gracioso periodo personal de suprema generosidad, cuando el dinero que aplicará al pago de aquellas reparaciones o compensaciones no sale de su bolsillo sino de una inyección de dinero internacional, que los ciudadanos argentinos deberán devolver con su propio esfuerzo, no con el de Massa.

Sean acertadas o no las medidas, sean o no oportunas, sean o no sean eficaces, lo cierto es que el anuncio de tales medidas por el ministro/candidato refuerza al máximo la teoría de que el gobierno no concede derechos amparados en una ley objetiva e impersonal sino que efectúa concesiones graciosas fácilmente revocables. Ningún país funciona adecuadamente cuando la subsistencia de una parte importante de su población depende de las buenas o malas expectativas electorales de los gobernantes.

Es improbable que con un dólar a casi 740 pesos, una inflación anual en torno al 130 por cien y con una elevadísima tasa de trabajo en negro, las medidas anunciadas por Sergio Massa puedan tener algún efecto compensador o contribuir a reflotar la vapuleada economía nacional.

Pero ya mismo tienen un efecto mediático importante, a la espera de que esa repercusión inmediata se traduzca en votos en octubre próximo.

El lenguaje comunicacional que emplea frecuentemente palabras como «beneficios» o «acompañamiento» es el lenguaje de la demagogia.

Los ciudadanos deben saber distinguir entre «políticas» (con coherencia, estabilidad, trazabilidad y accountability) y «parches», que son medidas inconexas y apresuradas que solo persiguen un efecto positivo inmediato en la imagen de los gobernantes y han sido diseñadas e implementadas, en todo caso, para evitar un descalabro electoral.

Destacado