Por algún motivo, los políticos que viven la capital salteña piensan que sus colegas de otras ciudades y pueblos no están lo suficientemente preparados para gestionar los asuntos públicos y entonces acuden a su auxilio con sus conocimientos y habilidades «superiores» y, generalmente, «modernizadoras».
Siempre he tendido a ver estas «capacitaciones» a los «incapaces» del interior como una suerte de supremacismo, más que como una ayuda efectiva al mejor desempeño administrativo. Pero es que ahora creo que es el mismo supremacismo formativo el que está detrás de la ofensiva judicial contra los intendentes municipales que no han seguido «la huella recta» (más de veinte en los últimos años).
Pobrecitos. De tan ignorantes que son, resulta que tampoco saben dónde está la línea que separa la legalidad del delito; para ellos resulta que meter la mano en la lata es lo más normal del mundo. Lo cual debería ser preocupante, pues enseñar a alguien a confeccionar balances y a manejar un programa de liquidación de sueldos es relativamente fácil. Lo difícil es enseñarles a ser honrados.
El supremacismo opera, pues, en dos planos aparentemente desconectados: uno es el del aprendizaje (que crea una suerte de «grieta» entre sapientes e ignorantes) y otro el del castigo judicial (que sirve para que el salteño de la capital refuerce su centralidad señalando a quienes en pueblos con calles de tierra se han portado mal, pero nunca a los que roban a mansalva y perpetran mamarrachos administrativos a pocas cuadras de la Plaza 9 de Julio).
Lo de la autonomía municipal suena muy bonito, pero si de verdad rigiera algo así entre nosotros, los intendentes, concejales y empleados, más que someterse a la tutela académica de los soberbios capitalinos, deberían decidir ellos mismos qué aprender, cuándo aprender y, sobre todo, de quién aprender.
Liberarse de esta indigna sujeción será el primer paso para que intendentes, concejales y empleados municipales de ciudades y pueblos que no son la ciudad de Salta se hagan respetar como corresponde ante los tribunales de justicia.