Y no solo eso: que el Gobernador de la Provincia, olvidándose de que es el Gobernador de todos los salteños, salga públicamente a apoyar al mismo candidato, sin tener cuidado de embanderar automáticamente a toda la Provincia detrás de una parcialidad.
Siempre se podrá decir que el Gobernador habla como «integrante de su partido». Pero ¿es que tiene uno? Muy pocos salteños saben (del millón y medio que son) a qué partido pertenece el Gobernador de Salta. O, lo que es lo mismo, muchos saben que puede hablar como integrante de «este» o de «aquel».
Ante esta falta de identificación partidaria, no cabe otro remedio que interpretar que el Gobernador ha hablado como Gobernador y, al hacerlo, no ha honrado su papel constitucional.
Muchos elogian el pragmatismo y la «cintura política» de quienes ponen huevos en diferentes nidos con el argumento de que «hay que superar la grieta». Pero la grieta no se supera poniendo jugadores en los dos equipos y jugando al gato y al ratón con unos y con otros. Esta estrategia, más que acabar con la grieta, la profundiza y contribuye a su perpetuación.
La política no es eso, en la medida en que representa un esfuerzo por dejar de lado la mezquindad y la autocomplacencia que son consustanciales al pensamiento ideológico (sea unitario o sea plural, sea de izquierdas o de derechas) y privilegiar las soluciones posibles, las que requieren elaboración creativa, deliberación pública y compromisos, y no imposiciones autoritarias, componendas ocultas y recetas ancestrales.
El pensamiento ideológico persigue únicamente su propia consumación y, por definición, está alejado de las urgencias sociales de la ciudadanía.
Esto está pasando ahora mismo en Salta y pienso que es mi deber advertirlo.

