Desde sus tiempos de Fiscal General, o incluso desde antes, el señor Abel Cornejo viene insistiendo en que la cárcel de Villa Las Rosas está emplazada en un lugar equivocado y que se debe proceder a llevarla a otro lado.
Pero en vez de elegir las «soledades voraces» de la ruta provincial nº 28, en cercanías de la precaria rotonda que conecta con el camino que lleva a Lesser (el triángulo de las Bermudas de la telefonía celular de Salta), el ministro Cornejo ha preferido castigar a los cerrillanos llevando hasta sus mismas narices la nueva cárcel provincial.
En estos momentos, no se sabe muy bien los motivos por los cuales todos los trastornos que sufren los vecinos que malviven a la vera del canal de la avenida Yrigoyen se van a trasladar a Cerrillos y a sus ya de por sí sufridos habitantes.
La única razón es la decisión personal de quien seguramente se ha leído la poco aleccionadora historia del general Antonio Domingo Bussi quien a finales de los años 70 del siglo pasado limpió las calles tucumanas de malvivientes mediante el socorrido recurso de cargarlos en un camión y descargarlos en la frontera con Catamarca.
¿Acaso una decisión como esta no hace aconsejable la consulta al pueblo que sufrirá el emplazamiento de la nueva cárcel?
Todavía es menos explicable la decisión del nuevo ministro de construir edificios que respeten la «línea arquitectónica» de la antigua (y para él disfuncional) cárcel de Villa Las Rosas.
Y si lo tuviera ¿no es suficiente con preservarlo allí donde está? ¿O es que además tenemos que sentirnos obligados a construir clones de la cárcel de Villa Las Rosas por todos los sitios, como si estuviéramos plantando réplicas del Taj Mahal? ¿Por qué también no hacemos todas las canchas de fútbol al estilo de la del club Libertad y llevamos la Ciudad de Navidad a Villa Juanita?
Los cerrillanos están seguros de no haber hecho nada malo para merecer un tratamiento tan discriminatorio como este. Cornejo debe revisar su decisión y consultar con los interesados antes de dar por hecho nada.