A lo largo de su larga carrera, Lansbury cosechó seis Globos de Oro, cinco Tony de Teatro, un Olivier, un Grammy, el apreciado premio de Honor del Sindicato de Actores a toda su trayectoria y hasta el Oscar honorífico en 2013.
Balancing act, la biografía autorizada de Lansbury, narra que la actriz fue pobre en el Nueva York de los 40, que participó de la vida bohemia del Village, que fue casi una beatnik, rodeada de amigos artistas y gays.
La misma biografía la dibuja como una mujer insatisfecha con su carrera durante muchos años. Con 17 años, se asomó a la 'Luz de gas' de George Cuckor y se ganó una candidatura al Oscar y un contrató fijo en la Metro Goldwyn-Mayer, que la empleó como actriz a destajo.
Lansbury se pasó al teatro, a la serie B, al cine de autor de los 50 y a Broadway, donde por fin encontró su lugar, pese a no ser un talento natural para la música. Entonces, consolidada en las tablas, Hollywood la rescató con El candidato manchú, una película de espías de John Frankenheimer y Frank Sinatra, en la que Lansbury aparecía ya como el ángel que todos reconocemos.
«El personaje de Angela es un modelo vital: justa, libre de fanatismos, cálida... Es bondadosa sin ser una pánfila. Es compasiva con los defectos de los demás pero no se deja engañar. Y tiene su parte dura. No soporta a los presuntosos. Sobre todo es decente. Representa una decencia innata, llegada de otro tiempo más decente»", escribió Martin Gottfried, el autor de su biografía.