Esta decisión, de ser cierta, es manifiestamente contradictoria con los motivos que han impulsado a Sáenz a premiar a los agentes de la Administración provincial (de la que él es el jefe supremo) con el abono de la cantidad de 20.000 pesos.
Ahora resulta que el mismo gobierno -los mismos contribuyentes- va a premiar a trabajadores municipales de 60 municipios cuyas cuentas públicas no están saneadas ni equilibradas, en su mayoría. Es evidente que, si lo estuvieran, cada Intendente no tendría problemas en otorgar premios a sus empleados.
Pero, como los tienen y muchos, el premio de 20.000 pesos a los municipales es un doble premio, pues recompensa sin dudas la ineficiencia. ¿Qué puede pensar un empleado público provincial cuando comprueba que un trabajador municipal que no se ha esforzado como él recibe la misma cantidad como premio?
Además, hay otro elemento que hace pensar que estamos en presencia de un triple premio para los municipales, pues -si damos por buena la afirmación de una funcionaria de la Municipalidad de Salta- de que «los salarios de los agentes municipales son muy bajos», un trabajador que gane 50.000 en la Dirección de Rentas municipal recibirá como premio el 40% de su salario. Mientras que un trabajador que en la Dirección de Rentas provincial perciba 100.000 por el mismo trabajo, recibirá como premio solo el 20% de su salario.
Cuanto más bajo es el salario de un empleado, más cuantioso, proporcionalmente, es el premio otorgado por el gobierno.
¿Es justo que los municipales (los productivos y los improductivos) se lleven un premio mayor y que, además, ese premio lo pague otro?