Tras el juramento, el comisario Marcelo Ceballos ha dicho en voz alta que el «eje de su gestión» será el «acercamiento comunitario de las dependencias policiales con los vecinos salteños».
Teniendo en cuenta que la misión de la llamada Policía «comunitaria» es la prevención del delito (evitar que este se cometa), se entiende que lo que pretende el nuevo Jefe es estar «más cerca» de los vecinos, no solo para protegerlos mejor, sino también para estar «más cerca» de los potenciales delincuentes, que -aunque indeseables- también son «vecinos».
Tener a la Policía más cerca de la casa de uno no es el objetivo de una sociedad democrática.
Lo ideal, desde luego, sería que el trabajo de la Policía se redujera al mínimo, y que los ciudadanos se sintieran más seguros al no ver a ningún uniformado en las calles que con cientos de ellos revoloteando y haciendo «acto de presencia».
Desgraciadamente, «más policías» o policías «más cercanos» significan que o bien el delito aumenta en número o que se acerca cada vez más a nosotros.
Tal vez, el comisario Ceballos habría quedado mejor con sus subordinados y con sus «vecinos» si, en vez de prometer un «acercamiento comunitario de policías» hubiera prometido que el delito estará cada vez más lejos.
Así como la cercanía policial puede, en ocasiones, resolver algunos problemas, también es capaz de provocar otros, a veces muy graves, como el de esa mujer que tenía un policía cuidándola en su casa y que terminó metiéndose en su cama.
Si esto forma parte del «acercamiento comunitario», es casi mejor que los polis se queden en las comisarías, lejos en lo posible de los vecinos y de las vecinas.