Cornejo ha soltado su discurso con el exclusivo objeto de contradecir al Procurador General de la Provincia, Pedro García Castiella, que días antes había hecho lo propio para informar sobre los obstáculos que encuentran los fiscales para hacer progresar la investigación penal sobre una financiera ilegal que operaba en Salta y en la cual se encuentran involucrados varios policías.
Lo ha hecho con argumentos que dejan entrever un su profundo desacuerdo (cuando no su disgusto) con la actuación de los mismos fiscales que él, hasta solo uno meses atrás, dirigía a voluntad y con mano de hierro, especialmente cuando se trataba de ir en contra de la Policía.
Entre las cosas que ha dicho Cornejo, destaca esta simpleza que nos dice que «una cosa es que haya oficiales o suboficiales involucrados y otra cosa es que se involucre a la institución y se la manche al no precisar exactamente quién está involucrado».
A pesar de que nadie -menos el Procurador General- ha señalado a la Policía de Salta como una organización criminal, el señor Cornejo, solo para congraciarse con los uniformados, ha salido en defensa de la virginidad policial tal y como si todos los policías -y aun el conjunto institucional- fuesen dechados de honradez, patriotismo y servicio. Es decir, todo lo contrario de lo que hasta solo unos meses atrás sostenía.
En otro de los pasajes de su exposición, el ministro Cornejo ha calificado de «subjetividades» las afirmaciones de García Castiella, olvidando tal vez que su propia subjetividad -siendo Cornejo jefe de los fiscales- hizo naufragar varios casos importantes. Durante el tiempo que duró aquel ilegítimo ejercicio, Cornejo impuso a sus subordinados líneas de investigación en base a «corazonadas» que finalmente no llegaron a ningún lado. Como ejemplo paradigmático, el triste caso del homicidio de Jimena Salas, cuya responsabilidad el entonces procurador Cornejo -y su subjetividad- tenían absolutamente clara.
Cornejo -que habitualmente cita en sus discursos a pensadores notables de todas las épocas- reclamó esta mañana que «no se manche a la Policía», parafraseando en este caso a Diego Armando Maradona quien una vez en la Bombonera pidió que no se manchara «a la pelota».
Dime a quién buscas y te diré quién eres
En la parte más discutible de su intervención ante la prensa, el ministro Cornejo ha dicho que no recibió información por parte de la fiscalía sobre quiénes son los policías que están siendo investigados, para iniciar sumarios internos en la fuerza de seguridad.«Como ministro hubiera esperado recibir eso, pero no lo recibí», ha dicho Cornejo en tono victimista.
A ningún fiscal en uso de razón se le ocurriría revelar el nombre de los investigados antes de que concluyan las investigaciones; más todavía tratándose de policías.
Ni la ley procesal vigente en Salta ni las normas administrativas imponen a los fiscales la obligación de poner en conocimiento de los ministros la identidad de los agentes que pudieran estar incursos en responsabilidad penal; por lo menos hasta tanto dicha responsabilidad haya sido debidamente esclarecida con el grado de certeza que se requiere para formular una imputación o decretar un procesamiento.
Por la misma regla de tres, ninguna norma jurídica consagra el derecho de los ministros a saber cuál o cuáles de sus subordinados se encuentran bajo la lupa de los fiscales.
La afirmación del ministro Cornejo solo puede ser entendida en un sentido: el que indica que está molesto porque alguien a quien considera un «subordinado» suyo, como el procurador García Castiella, se ha guardado para sí (y para la buena marcha de la investigación) una información al ministro le habría gustado conocer, no para promover sumarios, como dice, sino para acentuar el ejercicio de su poder dentro de la fuerza policial.
La investigación 'magnificada'
Cornejo también ha dicho, al pasar, que García Castiella «magnificó» la operación contra el entramado criminal financiero/cambiario. Esta afirmación debe entenderse como que el gobierno de Salta -por boca de uno de sus ministros- ha restado importancia al delito.Sin embargo, a García Castiella le bastó con que uno de los agentes del CIF comisionados para investigar el asunto fuese objeto de amenazas dirigidas a su persona y a su familia, así como víctima de intrusiones informáticas, para considerar que, detrás de la fachada de una organización financiera ilegal, se esconde todo el poder el crimen organizado.
Hace poco el ministro Cornejo también negó que en Salta operaran carteles narco, afirmación que fue frontalmente contradicha por parte de amplios sectores de la fuerza policial.
Si algo hasta ahora no estaba sobre la mesa del debate en Salta esto es el negacionismo gubernamental de los crímenes más graves que afectan la convivencia social en Salta. El ministro Cornejo tiene el privilegio de haber inaugurado la era de los crímenes «poco magníficos».
El pase a 'disponibilidad' del comisario Miranda
Es bastante improbable que el Jefe de la Policía de Salta hubiera dispuesto cesar al comisario Juan Ramón Miranda sin conocimiento ni consentimiento del ministro Cornejo.Las declaraciones efectuadas por el ministro hoy ponen de manifiesto no solamente que está de acuerdo con el cese dispuesto por la jefatura sino que los investigadores policiales al servicio del Ministerio Público Fiscal son piezas intercambiables; es decir, que da igual uno que otro.
García Castiella no lo considera así y sigue pensando que el intento de desplazar a Miranda de sus funciones en el Ministerio Público Fiscal responde a una maniobra prolijamente diseñada y orientada a blindar la impunidad de los policías que pudieran estar involucrados en la trama delictiva que se investiga.
Si para los investigadores fiscales la colaboración de un hombre es importante para el progreso de la investigación, da igual lo que diga la Policía al respecto, pues el interés público en el conocimiento de la verdad objetiva hace inútil cualquier otra decisión, aunque el ministro Cornejo -y el gobierno de Salta en su conjunto- consideren que es lo mismo sumar a la investigación a Sherlock Holmes que al Inspector Clouseau.