La sentencia ha sido pronunciada por el juez señor Federico Javier Armiñana Dohorman, de la Primera Sala del Tribunal de Juicio de la ciudad de Salta.
El joven condenado fue denunciado por la madre de los dos menores agredidos.
La mujer contó que le alquilaba un monoambiente a la madre del condenado. La mujer denunciante vivía en este inmueble junto a sus dos hijos, mientras que su arrendadora y su familia vivían «en la parte de adelante», lo que implica que ambas familias eran vecinas muy cercanas.
La inquilina acostumbraba a dejar solos a sus hijos en el monoambiente cuando se iba a trabajar al Mercado San Miguel. La mujer sabía que el condenado invitaba a sus hijos a su casa, a jugar a la Play Station, pero no se enteró de los abusos sexuales hasta que la hermana del acusado la puso al corriente.
El chivatazo se produjo poco antes de que la madre de los menores agredidos se viera obligada a abandonar el monoambiente, ya que su arrendadora (la madre del condenado) le pidió que «se retirara» porque supuestamente iban a hacer obras en el lugar.
Al preguntarle la mujer (la inquilina desalojada) a sus hijos acerca de los abusos, ambos le confirmaron que el vecino los sometía a tocamientos y a otros actos impúdicos cuando los invitaba a jugar con su Play Station. Le dijeron que no le habían contado porque ella llegaba cansada de trabajar y porque no querían que los echaran del alquiler.
Al final, los hechos le dieron la razón a las víctimas, pues la interrupción del arrendamiento fue la que destapó las agresiones sexuales; o al revés, fue la revelación de estos delitos lo que propició la decisión de la arrendadora de poner fin a la locación del monoambiente.