El hombre fue sometido a juicio abreviado y hallado culpable de un delito de exhibiciones obscenas agravadas. La denuncia había sido formulada por el padre de una menor de edad.
Tiempo después, el mismo hombre se presentó en la casa de la menor aduciendo que lo habían llamado para hacer un trabajo de plomería. La niña no lo dejó pasar; le dijo que regresara más tarde. Antes de irse, el hombre le indicó que anotara su número de celular: era el mismo que figuraba en el papel que le había entregado en la plaza. Los padres de la niña advirtieron entonces que se trataba de la misma persona.
Durante la audiencia, el hombre reconoció su responsabilidad en el delito de exhibiciones obscenas agravadas en perjuicio de una menor de edad.
Pereyra ha impuesto al condenado una serie de reglas de conducta entre las que sobresalen la obligación de mantenerse alejado de la niña, de su casa y de los lugares que ella frecuente en un radio de 300 metros. También se le ha impuesto la prohibición total de contactarse con ella por cualquier medio y la obligación de someterse a tratamiento psicológico y presentar las constancias correspondientes.