El 9 de febrero pasado, una mujer se presentó ante la autoridad para denuncias a su expareja porque -según la denunciante- el hombre la obligaba a mantener relaciones sexuales y le decía que tenía que ser sumisa.
Al mes siguiente, el 10 de marzo, volvió a denunciarlo y esta vez explicó que habían sido pareja durante tres años (de sumisión y bondage BDSM) y que, pese a que el hombre tenía una orden de alejamiento, la primera noche de marzo entró en su casa con perversas intenciones.
La mujer se encontraba en la cocina, por lo que hombre aprovechó y la encerró. Luego de amenazarla, volvió a someterla sexualmente, mientras le pegaba en la cabeza y la agarraba del cuello, repitiéndole aquello «tenés que ser sumisa, ¿me oyes?».
La mujer dijo que intentó defenderse, pero que el hombre estaba tan agresivo que no lo consiguió. Incluso intentaba gritar, pero el acusado le tapó la boca para que no lo haga. Agregó que la mantuvo encerrada durante cuatro días, al cabo de los cuales logró gritar y su vecina la escuchó. Ante el inesperado giro de los acontecimientos, el hombre se retiró del lugar, no sin antes amenazarla nuevamente.
Ahora, el señor Rodríguez Pipino, tras celebrar una audiencia flexible y multipropósito fijada por la Oficina Judicial de Garantías (OfiJu) en el marco del plan piloto de oralidad (se tarda más en pronunciar esta palabras que en celebrar la audiencia), ha acordado la prisión preventiva (con antibióticos) del hombre de 31 años, que ahora sufre en sus propias carnes la sumisión, al estar alojado en la Alcaidía General de la ciudad de Salta.
El hombre afrontar cargos como presunto autor de los delitos de abuso sexual con acceso carnal continuado, privación ilegitima de la libertad agravada y desobediencia judicial.