La denuncia había sido formulada por la propia hermana de un hombre (propietaria de la mascota), que dijo a las autoridades que su hermano había castrado al perro, sin anestesia ni medidas de higiene, lo que le ocasionó al animal una gran pérdida de sangre y dolor.
En el lugar fueron secuestrados palos con manchas de sangre y «trozos de piel con restos de genitales, aparentemente de animal canino». O sea que, a primera vista, el escroto y los testículos hallados no pertenecían a un homo sapiens.
La información oficial sobre el asunto contiene un prolijo detalle del informe rendido por el veterinario que asistió al perro después de su brutal castración casera, que relata el penoso estado en el que fue hallado tras la precaria emasculación. El profesional certificó los sufrimientos del infortunado animal.
Durante la audiencia de imputación, el improvisado castrador fue asistido por un defensor oficial y admitió su responsabilidad en el hecho. El fiscal Escalante ha solicitado su detención.
