La noticia da cuenta del encuentro sexual de una pareja algo pasada de copas, que al parecer no tuvo reparos en dar rienda suelta a sus instintos más primitivos en plena vía pública.
Pero ¿quién controla a los amantes? ¿El Intendente Municipal? ¿El Concejo Deliberante? ¿El Juez de Paz? ¿El párroco del lugar?
Lo que la noticia de El Tribuno no nos dice es en qué ha consistido exactamente el «descontrol». Quizá se refiera a la postura de los copartícipes, pero esto es pura especulación.
Lo que de veras importa es que el sexo que se practique (en Embarcación o en cualquier otra localidad tropical) esté minuciosamente controlado, tanto en su ritmo como en sus movimientos.
Curioso es de verdad que el diario El Tribuno califique como «escena hot» lo que probablemente sea un delito previsto en el Código Penal.
Quizá la autoridad de aplicación más adecuada para comprobar el cumplimiento de las reglas sean los policías de tránsito o los gendarmes, los mismos que debieran controlar que las «comunidades» no corten la ruta 34 en Pichanal, pero que terminan desbordados por el despliegue militante de los «caciques».
Antes que «controlar» el sexo, la autoridad debería emplearse a fondo para que la gente pueda disfrutar, sin tropiezos ni obstáculos irrazonables, de su derecho constitucional a circular con libertad por el territorio.
