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  • Dinámica rural
  • Si uno se fía de las expresiones que utiliza la comunicación pública del Ministerio de Seguridad de Salta, podría llegar a la conclusión de que la inseguridad que afecta a la práctica totalidad del territorio provincial se debe a que la Policía de Salta es sedentaria y estática.
Imagen ilustrativa
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Al menos, algo así se desprende del propagandístico titular de la página web del gobierno provincial de Salta que textualmente dice: «Proyectan dinamizar el servicio policial en zona este de la ciudad».



Para entender un poco lo que significa «dinamizar el servicio», la propia página recoge una parte del discurso del ministro Abel Cornejo en la que dice «se trabaja en reformas internas en la estructura del Ministerio de Seguridad y Justicia» con el fin de «procurar mayor operatividad y despliegue policial en territorio».

Si interpretamos estas palabras como debe ser, no es que la Policía sea sedentaria, ineficiente o «ploscha», como se dice en nuestro particular lenguaje regional. El problema es la paquidérmica estructura administrativa del Ministerio de Seguridad, que no tiene la flexibilidad necesaria para actuar al toque. Es decir, es la «estructura» la que no permite atacar la «coyuntura», o, lo que es lo mismo, que el ministro despliegue a la Policía allí donde y cuando se la necesita.

¿Qué es mayor «operatividad»? Simplemente, «más policía». Es decir, donde hoy hay cinco (agentes, motos, patrulleros, walkies-talkies, perros, escudos, cachiporras y biromes), mañana habrá diez de cada.

Al parecer -y siempre según las palabras del ministro Cornejo- el crecimiento institucional de la Policía (en número de efectivos y de recursos materiales) no guarda relación de proporción alguna con el «exponencial crecimiento poblacional y la diversidad en la demanda de seguridad».

Es decir, la demografía de los barrios del Este de la ciudad ha pillado a la bicentenaria Policía de Salta con el paso cambiado, pues no solo está desbordada por el crecimiento de los barrios, sino que los residentes en ellos ahora tienen demandas muy sofisticadas, que no existían antes.

Así, mientras años atrás era frecuente llamar a la Policía cuando «grupos antagónicos» protagonizaban batallas campales en las canchas de fútbol, ahora se los llama por perros ladradores, por árboles mal podados, por agujeros en el pavimento (si se tiene la suerte de vivir en una calle que lo tenga), por amantes sorprendidos in flagrante delicto, por pequeños beberajes a pie de cordón, por venta de pegamento, por coches vandalizados, por trifulcas entre familias enteras, y lo que en la jerga ministerial se llama «la diversidad en la demanda de seguridad», que incluye problemas por identidades de género mal autopercibidas, o ataques a personas que se desplazan en silla de ruedas.

Basta de policías detrás de los escritorios; extingamos a los canitas con la birome colgada de la oreja. Hay que sacarlos de su zona de confort y hacerlos que se fogueen allí donde rige la ley de la selva. Que se hagan hombres enfrentando a la adversidad. La «operatividad del servicio» y la «dinámica» policial, están antes y por encima del cumplimiento de la ley y de sus enmarañadas burocracias añadidas.

Se acabaron los canas a ritmo de tango. Ahora acuden al llamado ministerial a pura zumba y reggetón. La «dinámica» es más importante que el cerebro para combatir al crimen organizado. Un ministro de Seguridad no es ministro ni es nada si con solo chasquear los dedos no consigue colocar cien hombres armados hasta los dientes en un barrio conflictivo en cuestión de pocos minutos.

Demos, pues, a la Policía (y a su ministro) todo el poder que está pidiendo y que, seguramente, necesita, porque está visto que hacer las cosas como se han hecho siempre, no es suficiente para saciar el inagotable apetito del emperador.



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