La práctica totalidad de aquellos gobiernos ilegítimos surgidos de golpes de Estado y asonadas militares eran filofascistas o nacionalistas extremos, lo que al parecer no inquietaba en modo alguno ni a los líderes ni a los diplomáticos de los Estados Unidos y no constituía ningún obstáculo para que los apoyaran.
Hasta ahora, por supuesto.
La abducción en Venezuela por fuerzas militares estadounidenses del dictador chavista Nicolás Maduro ha sido seguida —sorprendentemente— por la designación al frente del país de Delcy Rodríguez, la segunda espada del chavismo y una de las «combatientas» más crueles y arbitrarias del país.
Como es sabido, el presidente Donald Trump ha preferido apoyar una dictadura de izquierdas, antes que propiciar una transición ordenada a la democracia, antes de confiar en los máximos líderes de la resistencia opositora. Porque no solo se trata de Delcy Rodríguez, sino también de Diosdado Cabello o de Vladimir Padrino, quienes a pesar de su cabeza todavía tiene precio en los Estados Unidos, siguen firmes en sus bolivarianos despachos, decidiendo sobre la vida y la muerte de millones de venezolanos.
Pero aunque este detalle de la historia pueda parecer sorprendente, mucho más lo es el giro radical de la propaganda norteamericana, que hasta antes del 3 de enero pasado consideraba a Delcy Rodríguez como una especie de horrible lugarteniente del diablo, y que ahora, después de la liberación de unos cuantos presos políticos, la considera «una mujer culta, afrancesada y muy viajada», completamente adecuada para liderar una «transición segura, adecuada y juiciosa» de Venezuela hacia quién sabe qué tipo de régimen de gobierno.
Así pues, a diferencia de las dictaduras de los años 70 en la Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia y Brasil, cuyos líderes podían hacer y deshacer casi a voluntad, la dictadura tutelada de Venezuela solo hará lo que el presidente de los Estados Unidos diga que hay que hacer. Es esta una situación inédita, como inédito es el súbito cambio de imagen de una Delcy Rodríguez feroz y poco atractiva, a una Delcy Rodríguez dócil, amable y «colaboradora».

