Quién sabe si un día no amanecemos con que ya no nos llamamos más Argentina y que su nombre ha sido reemplazado en el mapa por el de Virginia del Sur o que Salta ha perdido su nombre en favor del de Wichilandia. ¿Cómo reaccionaríamos?
Ignoro si Trump, o si su Sancho Panza (Elon Musk) querrán cambiarle el nombre a España o al Golfo de Vizcaya, pero lo que sé es que en este país la palabra «golfo» no solamente se usa para llamar a la gran porción de mar que se interna en la tierra entre dos cabos, sino para llamar a la persona deshonesta, al sinvergüenza, al pillo y al holgazán.
Es muy interesante repasar la lista de sinónimos de la Real Academia Española (que en cualquier momento pasa a llamarse Starlink) para la palabra «golfo»: vago, holgazán, tuno, granuja, vividor, vagabundo, ocioso, plazuela, golfante y guripa.
Y no hablemos del femenino, porque «golfa» no significa otra cosa que prostituta.
Los mexicanos podrían decir, con bastante aproximación, que el que quiere cambiarle el nombre al Golfo de México es el golfo de Trump.
Por tanto, lo que tienen que hacer los argentinos es estar con los ojos bien abiertos para no dejarse engolfar por el Presidente del pelo de color zanahoria; es decir, no meterse mucho en sus negocios y evitar dejarse llevar o arrebatar por su pensamiento o sus aficiones.
Así que con el golfo de Trump, mucho cuidado.

