Salvo que la vista me traicione, en la fotografía solo veo unas chapas de zinc (que suelen utilizarse de forma horizontal para los techos) dispuestas de forma vertical, a modo de pared. Es decir que si la gente tiene que elegir entre usar las chapas como techo o como pared, eligen esto último y el techo de sus casas linda con el infinito y el espacio sideral.
Veo también lonas, plásticos y pallets allí donde el sufrido habitante de este sitio infrahumano no ha tenido la suerte de poner chapas para marcar el territorio de su inexistente intimidad.
Nada de esto me sorprendería, como me sorprende, si al mismo tiempo no estuviera recibiendo a cada rato en mi WhatsApp fotos de fiestas fastuosas en casas fancy de San Lorenzo Chico, que nada tienen que envidiar a las mansiones que se pueden encontrar en Bel Air, en Beverly Hills o en Holmby Hills.
No me indigna la obscenidad de la riqueza, ni la crueldad de la pobreza, tanto como el denigrante espectáculo de la desigualdad. No termina de entrarme en la cabeza el que haya salteños celebrando el Año Nuevo como si estuviesen en Hollywood, y otros salteños —no muy lejos de aquellos barrios de lujo— vivan en condiciones mucho peores a las que se pueden encontrar en los arrabales más pobres de algunas ciudades africanas.
Aun sin inundación, el asentamiento San Javier es una especie de Franja de Gaza sin bombardeo. En Salta, por suerte, no ha descargado su carga mortífera ningún dron, pero se ve que algunas familias de comprovincianos míos viven como si les hubiera caído una maldición bíblica.
No quiero echar la culpa a nadie por esto. Simplemente quiero con estas líneas hacerles ver que la desigualdad en Salta es extrema y que la preocupación por reducir la brecha que separa a los más pudientes de los menos es una de las más grandes que he visto en mi vida.
Quiera Dios que en 2026 algunos puedan vivir un poco mejor, aunque para ello sea necesario que aquellos que tienen mucho más de lo que necesitan, vivan un poco peor. Si alguno quiere llamar a esto «justicia social», que lo haga. Para mí será siempre «sentido común».

