Con esta certificación, se consolida como el único laboratorio público del sistema de justicia penal del país acreditado en genética forense bajo los estándares internacionales de calidad y competencia técnica.
Según el Ministerio Público Fiscal salteño, la acreditación no es un mero trámite administrativo, sino que implica demostrar, frente a auditores externos especialmente formados en genética forense, que cada método, procedimiento y registro cumple con parámetros internacionales. Y, sobre todo, que los resultados que emite son fiables, imparciales y técnicamente competentes.
El servicio de biología molecular constituye un asistente fundamental en el trabajo de los fiscales. Su trabajo consiste en obtener perfiles genéticos y compararlos con otras muestras, lo que permite establecer relaciones entre personas, objetos y escenarios vinculados al hecho investigado. Interviene en cualquier tipo de delito en el que sea necesario conectar evidencia biológica con víctimas o sospechosos, contribuyendo así a esclarecer los casos de manera precisa y objetiva.
Según los registros del CIF, aproximadamente el 60% de las causas que se analizan en el servicio, corresponden a delitos sexuales, el 27% a homicidios; el 3% a índices de paternidad; y el 10% restante a otros delitos como robos, hurtos y violencia de género.
Trazabilidad e imparcialidad: los pilares del sistema
La bioquímica especialista en genética y responsable del servicio de biología molecular, Alejandra Guinudink, explica que el sistema de gestión de calidad con el que trabaja el departamento técnico científico garantiza dos principios centrales de la justicia: la confidencialidad y la imparcialidad.“Cada muestra que ingresa se codifica de manera anónima. El personal que la procesa no sabe de quién es ni a qué caso pertenece. Esa separación entre quienes ejecutan la técnica y la información del expediente evita cualquier sesgo”, precisó para luego agregar que “todo el proceso queda rigurosamente documentado: se registra qué técnico intervino, qué reactivos se usaron, de qué lote, en qué equipo, qué controles se hicieron y en qué fecha. Esa trazabilidad permite reconstruir, paso a paso, cómo se obtuvo un resultado”.
Barrenechea y Guinudink precisaron también que el sistema con el que trabajan obliga a medir el desempeño. El laboratorio participa en ejercicios de intercomparación nacionales e internacionales, comparándose con laboratorios de España, Portugal, Brasil, Colombia, Ecuador y Paraguay. Reciben muestras ciegas, las procesan como si fueran evidencia real y envían sus resultados para ser comparados.
El laboratorio emite alrededor de 500 informes periciales por año, que se incorporan a procesos de investigaciones penales. A ello se suman unos 600 casos anuales para su incorporación a la base de datos genéticos. En homicidios, un caso puede implicar, como mínimo, el análisis de 20 a 30 evidencias: cuchillos, prendas, rastros en el cuerpo de la víctima o del imputado, elementos de la escena, entre otros. En delitos sexuales, el rango habitual va de 5 a 15 muestras, dependiendo del tipo de agresión y del tiempo transcurrido.
Las bioquímicas detallaron que todo este proceso es posible gracias a una estructura de roles perfectamente definidos. A la responsable del servicio de biología se suman los bioquímicos especialistas en genética forense Marcelo Parada y Gabriela D’Ascenzo, la bióloga especialistas en genética forense de campo, Miryam Romano; las doctoras en ciencias biolólogicas Gisel Taboada y Mercedes Monje Rumi, las técnicas en laboratorio Soledad Ramírez y Silvia Ramírez y el administrativo Nicolás Casasola. Todo el trabajo está bajo la supervisión del jefe del departamento, señor Pedro Villagrán.
Por su parte, la oficina de calidad, a cargo de Leonor Barrenechea, supervisa el funcionamiento del sistema y audita internamente. Ninguna de las áreas trabaja sola: la oficina monitorea los procedimientos, acompaña la implementación y también es auditada externamente en su gestión. Todo está escrito, estandarizado y registrado. “La evidencia objetiva de cómo se recolectó y trató cada muestra es lo que nos da confiabilidad e imparcialidad”, explicaron.
Además del recurso humano, para obtener la acreditación se deben certificar equipos —en el caso del CIF, un Secuenciador Automático ABI 3500, Real Time PCR ABI7500, Amplificadores Verity 9700 y Proflex— y cumplir con estándares edilicios que aseguren la no contaminación de las muestras. El personal tiene tareas exclusivas en cada parte del proceso para evitar la contaminación cruzada, por ejemplo, las personas que extraen ADN, no realizan reacciones de PCR o amplificación.
Así, la acreditación ubica servicio de genética del laboratorio del CIF dentro de un circuito global de confianza técnica. La norma internacional funciona como una garantía de validez y legitimidad. “La trazabilidad registrada demuestra que cada una de nuestras determinaciones fue tratada de manera estandarizada, aprobada por la comunidad científica y verificado por el organismo de acreditación, y que cada muestra se procesó objetivamente para obtener resultados fiables e imparciales”, concluyeron.
