En ceremonias solemnes como esta, el decoro personal suele confundirse con la dignidad de la asamblea, de modo que los gestos inadecuados no solo rebajan la solemnidad del acto para quien los adopta sino que, de algún modo, lesiona la imagen de todo el cuerpo, incluida la de que aquellos que han prestado un juramento serio, sin sonrisas y sin gestos inadecuados.
La respuesta es la siguiente:
La posición del cuerpo en un juramento debe ser erguida para transmitir confianza, con la espalda recta y los hombros hacia atrás, la cabeza alta y el contacto visual directo con quien se toma el juramento. Evitar gestos como cruzar los brazos, encorvarse o tener una postura reclinada en la silla es importante para no proyectar inseguridad, desinterés o arrogancia.
Postura recomendada
Espalda: Mantener la espalda recta y los hombros hacia atrás para mostrar seguridad.
Cabeza: Mantener la cabeza erguida.
Manos: Colocar las manos abiertas, a ser posible encima de la mesa, y gesticular de forma natural para apoyar el discurso, evitando esconderlas o cruzarlas.
Contacto visual: Mantener un contacto visual directo con la persona que toma el juramento para transmitir sinceridad y atención.
Silla: Sentarse recto, sin reclinarse hacia atrás (que puede interpretarse como incomodidad) ni hacia delante (que puede parecer que se está involucrado en exceso o se pierde objetividad).
Posturas a evitar
Brazos cruzados: Sugiere defensa o actitud cerrada.
Encorvarse: Denota inseguridad o vacilación.
Mirada baja: Puede ser interpretado como falta de sinceridad.
Postura reclinada: Puede transmitir incomodidad o desinterés.
Además de la sonrisa y el pelo cayendo en cascada sobre las Sagradas Escrituras, se advierte que la senadora Orozco, en vez de apoyar su mano derecha sobre el Libro (debió en cualquier caso haber utilizado la izquierda, que mantiene oculta detrás de su cuerpo), hace planear su palma encorvada sobre la tapa, sin llegar a tocarla (tal vez estaba caliente), en un gesto que es más propio de un umpire de tenis que ha marcado una pelota sobre la línea y no de una persona que jura por Dios desempeñar su cargo con lealtad y patriotismo.
La libertad avanza, pero la buena educación parece que retrocede.

