Algunos medios especulan con la posibilidad de que la bombacha se hubiera desprendido de un tendedero cercano, pero otros sostienen que el motociclista no perdió el control de su vehículo porque la bombacha hubiera obstaculizado su visión, sino porque quedó súbitamente embriagado a causa del inesperado contacto con la prenda.
Dice la información periodística que el pobre hombre «apenas tuvo tiempo de reaccionar» porque la bombacha «se le estampó en el rostro como un proyectil textil». Es decir, que si no hubiese sido una diminuta tanga, como era, esta es la hora que el inesperado bombachazo le habría arrancado la cabeza.
La misma información consigna que, a causa de la salida de la vía, el motociclista sufrió «algunos moretones», que la Policía investiga si no se trata de restos de la bombacha que pudieran haber quedado adheridos a la piel por transferencia térmica, toda vez que la prenda era también morada.
Según testigos, el hombre se quedó unos segundos en silencio (mientras aspiraba profundamente), todavía con la bombacha adherida al rostro, que debió sacársela con las manos después del impacto. Dicen los mismos testigos que, al quitarse la prenda de la cara, el motociclista —a pesar de los magullones— dejó a la vista de todos una amplia sonrisa y se retiró del lugar cantando «Voy a perder la cabeza por tu amor...».
La dueña de la bombacha voladora no fue encontrada, pero las autoridades afirman haber hallado en la prenda «suficiente material genético» para dar con ella. Las primeras investigaciones apuntan a una militante (o, eventualmente, una candidata electa) de La Libertad Avanza.





