La «materia» de la reforma noveneril ha consistido nada menos que en la supresión total del pronombre y las formas verbales de la segunda persona del plural (el «vos») por los pronombres («tu, ti, te, contigo») y sus formas verbales conexas.
Ocurre que don Fernández Pedroso utilizó el «vos» en los rezos de la Novena como un voseo reverencial, es decir, para dirigirse con especial reverencia a la segunda persona gramatical, tanto del singular como del plural. Como posesivo emplea la correctísima forma «vuestro».
Bien es verdad que esta fórmula de tratamiento, de tono elevado, era más común en épocas pasadas y solo se emplea hoy —especialmente en España— con algunos grados y títulos, en actos solemnes o en textos literarios que reflejan el lenguaje de otra época.
Fernández Pedroso escribió en 1760:
Dulce amor mío sois sobre todas las cosas, tened piedad de mí, y acordaos, Señor, el que mi amor os puso en esa Cruz, y no os acordéis el que yo, como ingrato y desconocido, me olvidé de vuestro paternal amor, porque si a Vos, que sois mi Padre, no vuelvo los ojos, ¿quién otro se compadecerá de mí?La reforma Marocco dice así:
Dulce amor mío eres sobre todas las cosas, ten piedad de mí; acuérdate, Señor, que tu amor por mí, te puso en esa Cruz, y no te acuerdes que yo, como ingrato y desconocido, me olvidé de tu paternal amor. Si a Ti, que eres mi Padre, no vuelvo los ojos, ¿quién otro se compadecerá de mí?Si lo que querían era acortar las distancias con Dios, podría también haber dicho así:
Dulce amor mío sos sobre todas las cosas, tené piedad de mí, che, y acordate flaco, que mi amor te puso en esa Cruz, y no te acordés que yo, como ingrato, desconocido y atorrante, me olvidé de tu paternal amor, porque si a vos, que sos mi Tata, no vuelvo los ojos, ¿quién corno se compadecerá de mí?
«Mario: los peregrinos no entienden eso de 'mudando de colores'. Pongamos 'cambiar de color' —¡Ma sí!, reformemos la Biblia también. Ese San Mateo escribía muy difícil. Nuestros pobladores de los valles se hacen un lío con el Nuevo Testamento».
La contribución del Arzobispo a la cultura de los niños de Salta podría completarse con la íntegra reescritura simplificadora del Quijote de La Mancha, porque Cervantes —con su lanza en astillero, su ardaga antigua, su rocín flaco y su galgo corredor— también empleaba un lenguaje antiguo y solemne, que no se aviene muy bien con la simplicidad y la pobreza de los peregrinos de las altas montañas andinas.
Lo que Cargnello —y Marocco— no saben es que, en la práctica totalidad de los países hispanohablantes, el tuteo (la utilización del «tú coloquial») es una forma de trato que expresa confianza o familiaridad y es común entre amigos, familiares y compañeros de la misma edad o profesión.
Todo el texto de la Novena del Milagro —escrito en primera persona— inspira un sentimiento de conmiseración por los males del miserable pecador arrepentido que ideó Fernández Pedroso, que se humilla ante Dios y ante su madre, confesando la multitud de sus culpas con íntimo dolor de su alma. Es decir que el protagonista de la Novena no es un «colega» que trata a su Redentor con cercana familiaridad, con su corazón henchido de alegría, sino alguien que se acerca de puntillas a Dios para implorar con el corazón contrito el perdón de sus pecados, en un acto de suprema mortificación, porque han sido precisamente sus terribles pecados los que han provocado que la tierra temblase. Llamarle de «tú» al Señor del Milgro no es la mejor forma de expresar arrepentimiento.
Aun en la Argentina, el tuteo no es la forma más adecuada para dirigirle una plegaria o expresarle arrepentimiento al Señor del Milagro. La Novena salteña se reza en todo el mundo y esta reforma es tan poco respetuosa de la divinidad como del pluralismo cultural de los feligreses que la rezan.
Dejando a un lado los aspectos religiosos del asunto, el que la Novena —una pieza literaria sublime— haya sido aggiornata de esta forma tan vulgar, supone un atentado mayúsculo a nuestras letras y a nuestra cultura.
Y de este atentado no solo tiene la culpa Marocco sino también el Arzobispo que ha autorizado este significativo retroceso hace ya varios años. La conmovedora solemnidad de Fernández Pedroso ha sido sustituida por la familiaridad pobrista de Cargnello, el prelado de las distancias cortas.
Reformar el texto de la Novena del Milagro es como cambiarle la letra a La López Pereyra, o darle una mano de cal a las pirámides de Egipto.
Si quiere rezar la Novena como Dios manda: https://iruya.com/iruyaraiz/el-milagro.html
