Sin embargo, el Ministerio de Desarrollo Social que dirige el señor Mario Mimessi, valiéndose del trabajo de los agentes territoriales del llamado «Programa Focalizado», reparten alimentos «a familias originarias de diversos puntos de la provincia».
Parece muy evidente, pues, que para recibir este «refuerzo alimentario» no importa en absoluto la condición socioeconómica del beneficiario, sino su raza.
La alternativa a este razonamiento es aún más terrorífica: el gobierno asume que todas las personas que no pertenecen al grupo étnico mayoritario son pobres, lo cual no es tanto una simplificación como un insulto a la dignidad de determinadas minorías y una grave ruptura de los principios de igualdad y solidaridad que inspiran a una democracia de contenido social.
El «refuerzo alimentario», sea o no «focalizado», deberían recibirlo todas las personas carentes de recursos con especiales necesidades nutricionales, cualquiera sea su color de piel y el territorio en el que vivan.
Utilizar la raza como criterio para determinar si una persona es o no elegible para recibir este tipo de ayuda social es una forma perniciosa de racismo y discriminación, de la que el gobierno –desde luego no el señor Mimessi– no parece ser consciente.

