Más prolijos en materia de planificación familiar, los tucumanos tienen siempre a alguien dispuesto (o dispuesta) a asomar a este valle de lágrimas a la hora de los pitos y de los cohetes.
En Salta, en cambio, no parece haber un servicio semejante. O probablemente ocurra que las parturientas se aguantan las contracciones con tal de poder brindar y recibir el nuevo año como Dios manda.
Entre las políticas de «seguridad jurídica» del gobierno provincial salteño se debiera incluir un programa de inseminación masiva para que las salteñas en edad de merecer conciban alredor del 1 de abril de cada año y se practiquen cesáreas la noche de año nuevo.
Con esa estrategia, los tucumanos no van a poder adelantarnos como lo vienen haciendo. Porque más vale traer al mundo a una criatura en medio de la pirotecnia sonora, que dejarnos madrugar por nuestros vecinos del Sur.