En los últimos días, y después de algunas vacilaciones iniciales, los medios de comunicación digitales de Salta se han animado a hablar de «crisis del agua», que es lo que corresponde.
Como siempre, detrás de las palabras se ocultan las intenciones, pues el adjetivo «hídrico» se utiliza para referirse al agua, pero como elemento de la naturaleza.
Lo que se nos quiere decir es que lo que nos ha hecho entrar en «crisis» no es la falta de caños y de obras (la desidia humana, en definitiva), sino la refinada crueldad de la madre naturaleza, que no nos manda lluvias suficientes para alimentar nuestros acuíferos y llenar nuestros embalses.
Pero como todos sabemos que no es así, la calificación de «crisis hídrica», más que una manipulación, nos evoca el lenguaje barroco de aquel relator salteño de partidos de fútbol que cuando el partido entre el local Gimnasia y Tiro y Juventud Antoniana se aproximaba a un dramático desenlace, dijo que el encuentro se había vuelto «apto para no cardiacos».
A la siguiente jugada, cuando un jugador antoniano se disponía a patear un córner, recibió de una de las bandejas en la que estaba situada la hinchada de Gimnasia una formidable agresión a naranjazos. El relator en cuestión dijo que el delantero antoniano se disponía a patear el tiro de esquina «debajo de una copiosa lluvia cítrica».
Así más o menos suena esto de la «crisis hídrica» del gobierno.
