Una libertaria -aparentemente sin carnet de afiliada pero que ostenta un cargo nacional honorífico- ha creído encontrar la explicación para su exclusión de una festichola partidaria, en el despecho carnal del expulsado presidente del Parlamento del Mercosur, Alfredo Horacio Olmedo.
Olmedo, por su parte, se ha defendido poniendo en duda que efectivamente la rubia libertaria lo haya rechazado e insinúa que consumó sus propósitos; si bien alega en su favor que «tiene códigos» (no el civil, precisamente) y que por un reflejo de inverosímil caballerosidad no va a revelar el nombre de los gatos que se ha llevado al agua a lo largo de su ya dilatada carrera de galán agropecuario.
Para darle un matiz aún más dramático y folletinesco al asunto, la rubia ha dicho que Olmedo «está viejito y gordito», un diagnóstico que algunos afirman solo podría provenir de una «inspección ocular» muy cercana.
En otro de los kioscos libertarios, lejos ya de las disputas entre «minitas», se ha inaugurado una polémica entre la diputada provincial Griselda Galleguillos y el diputado nacional Carlos Zapata. En este caso, ninguno de los dos ha aludido a sus respectivos pasados sentimentales. Afortunadamente no se ha escuchado la frase «esos bigotazos son muy molestos» o «al contador se le empañan los lentes».
Galleguillos ha dicho que Zapata se comporta como «casta», entre otros motivos porque cuando la diputada quiso hacerse un selfie con el doctor Chapatín, este le contestó que solo se saca fotos «con personas de bien». ¡Tomá mate!
Hay que recordar que la legisladora por Rosario de Lerma juró su cargo vestida de novia. Ahora sabemos, ya con el grado de certeza que se necesita en esta etapa del proceso, que su consorte en la ocasión no era el castoso y embigotado Zapata. Falta por ver si en el enredo sentimental está o no metido Olmedo, que en vez de traje de pingüino debe haberse puesto en su casamiento/juramento una campera amarilla y una gorra del mismo color. O quizá se calzó el traje de Uma Thurman en Kill Bill.
La explicación es muy sencilla: el chaqué no le entra porque está muy gordito.
