Lo más curioso de la sesión de hoy ha sido que el presidente de la Cámara -el mismo que la semana pasada toleró el exabrupto de Villamayor sin echar mano del reglamento en ningún momento- «aceptó» las disculpas de legisladoras y dio por cerrado el asunto, cuando no era él quien debía aceptar las disculpas, puesto que no fue ofendido, sino Galleguillos que fue la que recibió la andanada de insultos y a la que sin embargo no se mencionó por su nombre.
Al contrario, Griselda Galleguillos aprovechó su turno de palabra para repasar todas y cada una de las caricias dialécticas que le dedicó Villamayor en la sesión anterior («loca», «chiquita», «que no entiende nada de política», «ignorante», «no sé quién es tu tata», «vas a recoger los dientes del piso»). La legisladora ofendida ha anunciado la promoción de una denuncia penal contra quien pronunció estas delicadezas.
La denuncia de Galleguillos debería ampliarse para incluir un posible delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público por parte del presidente de la Cámara de Diputados, que omitió la aplicación del reglamento e hizo posible así la lesión de un derecho fundamental en plena sesión pública.

