Según la información oficial de la Corte de Justicia de Salta, al escuchar ruidos de cristales rotos, los propietarios de los vehículos salieron a la calle y lograron ver y reconocer a “Tortuga”. Algunos de ellos lo increparlon, pero el portador del fierro los amenazó de muerte.
Los agentes que amablemente le dieron la bienvenida advirtieron que el hombre llevaba no solamente el fierro con el que había atizado a los coches, sino también una “punta hechiza”.
Según el relato judicial la jefa de la guardia escuchó gritos afuera. Eran unas cuarenta las personas las que vociferaban exigiendo que soltaran a “Tortuga”, no precisamente para felicitarlo por sus bonitas acciones. La oficial solicitó entonces refuerzo por radio.
Mientras todo esto sucedía en la calla, adentro de comisaría, “Tortuga” se resistía y amenazaba al personal para que lo dejaran salir por la puerta de atrás. “Alejensé porque si no voy a hacer chispear y va a correr sangre aquí, a mí no me importa nada”, gritaba al tiempo que blandía las armas que tenía en su poder, de las que —curiosamente— no fue despojado al entras a la comisaría.
Finalmente, cuando los refuerzos llegaron, antes de proceder a la neutralización de “Tortuga”, se ocuparon de los revoltosos justicieros que estaban afuera. Solo una vez que estos se retiraron del lugar, “Tortuga” se entregó, depuso las las armas y fue esposado.
Seis meses después del suceso, el juez salteño señor Eduardo Raúl Sangari ha condenado a “Tortuga” a la pena de un año y dos meses de prisión efectiva por los delitos de daños y amenazas agravadas por el uso de arma y atentado a la autoridad.
El condenado fue declarado reincidente por cuarta vez y se ordenó su inmediato trasladado a la cárcel de Villa Las Rosas, en donde seguramente encontrará materiales y mano de obra para fabricarse otra “punta”.